VorMel...

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Se considera que el origen la literatura gótica se sitúa en Gran Bretaña, en particular durante el Romanticismo. Sin embargo, la primera aparición del término -gótico-, tiene lugar cuando el escritor Horace Walpole lo ubica como subtítulo en su obra El castillo de Otranto: Una historia gótica.

jueves, 31 de marzo de 2022

La bella vampirizada, de Alejandro Dumas

 


Seguimos descubriendo relatos góticos poco conocidos o, cuanto menos, no incluidos en las "listas oficiales" de novela gótica que tantas editoriales se encargan de publicar. Y es que, como todo en la vida, "ni son todas las que están, ni están todas las que son".

Este relato forma parte de una recopilación publicado en 2008 por una Editorial pequeña, no demasiado conocida, EDL (o Equipo Difusor del Libro SL), bajo el título "los vampiros no mueren" y que incluye cuatro relatos, algunos de los cuales ya han sido comentados en este blog: Carmilla, de Sheridan Le Fanu, Familia de Vampiros, de Alexei Tolstoi, El vampiro, de Polidori y, la que hoy comentaremos, La Bella Vampirizada, de Alejandro Dumas. Alguien del "club de literatura gótica" al que asistí hace años dijo que "todas las novelas de vampiros son góticas", afirmación con la que no estoy de acuerdo: ninguna de las novelas de Anne Rice es gótica, le pese a quien le pese. Para mí, los libros de Anne Rice son "literatura de aeropuerto", que te permiten estar entretenido, dar incluso una cabezada, retomarlos por otra página y leer en diagonal sabiendo que, al final, da igual. Poco va a aportar a tu vida. ¡Ojo! no es una crítica y, con la misma sinceridad, afirmo que Anne Rice puede tener su importancia en determinadas etapas de la vida del lector y que incluso, la atmósfera que dibuja "neo-vampírica" puede ser atractiva. Pero... "si no provocan uncanny, no son góticos" Y punto.

Sin embargo, los cuatro relatos incluidos en "los vampiros no mueren" considero que son góticos o, cuanto menos, "tienen un grado de goticidad" notable. La sorpresa es esta última novela, de Dumas; ¿quién nos iba a decir que el escritor de Los Tres Mosqueteros o El Conde de Montrecristo escribiría también un relato gótico?


Precisamente por Los Tres Mosqueteros, se ha hablado mucho de Alejandro Dumas (padre; no confundir con A. Dumas-hijo, también escritor). Novelista y dramaturgo francés, conocido como el Conde Negro, debido a su estatus aristocrático y a su piel oscura, por ser nieto de un noble francés y una esclava haitiana de origen subsahariano. Nuestro Dumas, en Francia, se formaría en una academia militar pero, fundamentalmente, de dedicó a la literatura.

Con el título original de "la dama pálida" (Histoire de la Dame Pâle), y escrito en 1849, narra la historia de una noble polaca que, debido a la guerra entre Rusia y Polonia ¿os suena? Para su protección, su padre la envía a un monasterio situado en los montes Cárpatos pero, de camino, su comitiva es asaltada por unos bandoleros comandada por dos hermanos de la noble familia de los Brancovan -así se las gastan en Rumanía- pero, tras perdonarle la vida, la llevan como huésped del castillo familiar, donde mora la madre de ambos, una digna señora. Insisto, así se las gastan en Rumanía.


A partir de aquí se suceden una serie de misterios que no deseo desvelar para que disfrutéis de la novela, magistralmente contados por Alejandro Dumas. Debo decir que, inicialmente, tuve dudas en cuanto a la goticidad de la novela, pues, caramba, también en los Tres Mosqueteros hay momentos de peligro, de misterios o de intriga y nadie, que no haya tomado absenta, se atrevería a calificar de "góticos" a los Tres Mosqueteros pero... me equivoqué. La última parte, donde se manifiesta la actividad del vampiro, es narrada de tal manera que, el "uncanny" está presente. Ya sabéis, ese adjetivo que no tiene paralelo en castellano, pero que indica una escena misteriosa, espeluznante, intranquilizadora, cuya lectura provoca en el lector ese cierto regomello, escalofríos por la espalda y sensaciones físicas de inquietud, sin llegar a ser terror.

Por supuesto, no faltan los demás ingredientes de "goticidad" hasta el punto de que uno llega a pensar de que esta novela es un "ejemplo de libro". Dumas se las ha arreglado para que no falte:

- un castillo, con un ambiente medieval perfectamente descrito: bóvedas, torreones, mobiliario parco, foso, corrientes de aire, pasadizos, puertas cerradas...

- El castillo, además, está próximo a un monasterio, que también tiene su función, lo que lo hace más "gótico" todavía.

- Existe un ser misterioso, sobrenatural que, esto sí puedo desvelarlo, es un vampiro. No un vampiro cualquiera, sino un vampiro de los Cárpatos, que tiene más nivel.

- Se da una trama familiar ancestral, que explicará al final el porqué de la existencia del vampiro en cuestión.

- Nos encontramos con una "sexualidad larvada". No es la sexualidad que le gustaría a Anne Rice de "aquí te pillo, aquí te la meto". Para nada. Fiel a la corriente del Romanticismo del siglo XIX, Dumas nos plantea esa tensión de los sentimientos, en que nos relata la ropa, peinado y palidez de la princesa, pero también la armadura, medias ajustadas, melena al viento y virilidad del galán. Pero todo muy polite, muy larvado.

- Y, por supuesto, la atmósfera narrada. Hay un momento álgido sabiamente descrito por Dumas. Se acuerda una fuga al día siguiente, perfectamente planeada. Tanto que, empieza a narrarla, y pone al lector de los nervios porque piensa "va a pasar cualquier cosa que va a estropear los planes". Me ha parecido de una gran destreza literaria.


Mi consejo: buscad este relato, pues vale la pena leerlo. Y buscad una buena traducción, no cualquier pdf gratis de Internet. Constato que esta novela no está incluida en las recopilaciones de las grandes editoriales como la colección "Gótica" de Valdemar. Y es una pena porque, con mucho, es de las novelas más góticas con que me he encontrado.

Feliz lectura.



En Madrid, a 31 de marzo del 7º año de la coronación de Su Majestad, Felipe VI)

jueves, 24 de marzo de 2022

Familia de vampiros, de Alexei Tolstoi


Siempre es agradable descubrir novelas de temática vampírica entre la producción de escritores que, a priori, no piensas que hubieran escrito novelas de temática vampírica. Y eso me ha sucedido con “familia de vampiros”, manuscrito también conocido por el título de “La familia de Vurdalak” o, según qué ediciones, por “Vampiro. La familia de Vurdalak”. Hay otra nota que quiero resaltar: nos encontramos ante una novela gótica (de esto hablaremos luego), escrita por un escritor no-inglés y no-americano. Y esto, ya de por sí, hace que esta obra sea muy especial.

Lo primero sobre lo que llamamos la atención es que el autor, Alexei Tolstoi, no es León Tolstoi,  el de Anna Karenina, Guerra y Paz, Resurrección o Los Cosacos, por citar sólo unas pocas… Así que, a ver, que nadie se emocione demasiado. 

Alexei es “otro Tolstoi”, emparentado con el anterior, pero distinto. No por ello desmerece su obra sino, al contrario. Amigo próximo del zar Alejandro II, la Wikipedia nos informa que, con el título de conde, había nacido en San Petersburgo en 1817 y fallecido en Krasny Rog, en 1875. Fue un poeta, novelista y dramaturgo ruso, considerado como el dramaturgo histórico ruso más importante del siglo XIX, principalmente por su trilogía dramática La muerte de Iván el Terrible (1866), Zar Fiódor Ivánovich (1868) y Zar Boris (1870). También ganó fama por sus obras satíricas, publicadas con su propio nombre (Historia del estado ruso desde Gostomysl a Timashev, El sueño del concejal Popov) y con el nombre de colaborador de Kozma Prutkov. Sus obras de ficción incluyen la novela que nos ocupa hoy, es decir, la familia del Vurdalak - El vampiro (1841) y la novela histórica Príncipe Serebrenni (1862).


Alekséi era miembro de la familia Tolstói, primo segundo de Leon Tolstói, el de Anna Karenina, para entendernos. Debido a la cercanía de su madre con la corte del zar, Alekséi fue admitido en el futuro séquito de la infancia de Alejandro II y se convirtió en "un compañero de juegos" para el joven príncipe heredero. Cuando era joven, Tolstói viajó mucho, incluyendo viajes a Italia y Alemania, donde conoció a Goethe. Tolstói comenzó su educación en casa bajo la tutela de su tío, el escritor Antony Pogorelsky, bajo cuya influencia se interesó por primera vez en la escritura de poesía y de otros profesores. En 1834, Tolstói se inscribió en el Archivo Estatal del Ministerio de Relaciones Exteriores de Moscú como estudiante y en diciembre de 1835 completó los exámenes (en inglés, francés, alemán, literatura, latín, historia mundial y rusa, y estadísticas rusas) en la Universidad de Moscú. Vamos, que no era un Don Nadie, sino una persona culta y cultivada.



A lo largo de la década de 1840, Tolstói llevó una vida ocupada de la alta sociedad, llena de viajes de placer, fiestas de salón y bailes, salidas de caza y romances fugaces. Como todos hacemos, vamos. También pasó muchos años en el servicio estatal como burócrata y diplomático. En 1856, el día de su coronación, Alejandro II nombró a Tolstói uno de sus ayudantes de ayudantes personales. Tolstói sirvió como comandante de infantería en la Guerra de Crimea. Finalmente, dejó el servicio estatal a principios de la década de 1860 para continuar su carrera literaria. Murió en 1875 de una dosis letal de morfina auto-administrada en su propiedad de Krasny Rog. ¿No es un final romántico?

Pero volvamos a nuestra novela. ¿Podemos decir de ella que es “gótica” o meramente una “novela de terror” de tantas al uso? Recordemos que no son géneros similares, digan lo que digan las editoriales comerciales. 


Lo primero que nos encontramos es la habilidad literaria con que el autor mezcla hechos históricos con creación literaria. Comienza situando al lector en el Congreso de Viena de 1815 que, celebrado tras la derrota de Napoleón, pretendió retornar a Europa a la situación previa del Antiguo Régimen. Basta ya de aventuras revolucionarias ¡hombre! ¡con lo bien que estábamos con los tres estamentos, nobleza, clero y tercer estado de campesinos y burguesía…!


Ni que decir tiene la clase social de los participantes y, de una forma muy sutil, Tolstoi nos informa de los fastos, fiestas y reuniones que siguieron al Congreso. Y fue en una de estas reuniones sociales, donde el marqués d’Urfé (dicho también De Jurfé, en otras traducciones) narra la historia central de la novela.


Dicho esto, podemos encontrarnos con un número suficiente de detalles que nos hacen afirmar la goticidad de la novela. Quizá echamos de menos el omnipresente castillo medieval que, en esta obra, falta. De hecho, el grueso de la historia trascurre en la cabaña de la familia Vurdalak. Bueno, para los más puristas que quieran castillo, decir que hay castillo, el de la condesa viuda del príncipe de Schwarzenberg, en cuyas estancias se reúnen los nobles del Congreso de Viena tras finalizar éste, para descansar, pobres, y hablar de esto y de lo otro.

El ambiente, pues sí, es gótico. Contado por el marqués d’Urfé en primera persona, pone al autor en situación de viajar a Moldavia, el estado de ánimo que se encuentra en los pueblos que atraviesa, el aire frío o los sonidos de los bosques. El lector empieza a sentir un regomello que le atraviesa la espalda, ciertamente muy agradable.


Me encanta que el protagonista haga un paréntesis para explicar a las damas de la tertulia, en el castillo de la condesa viuda de Schwarzenberg lo que es un vampiro, para el horror de ellas, por Dios… y las peculiaridades de los vampiros eslavos, que son más fieros que los de otros países porque, fíjate, chupan con preferencia la sangre de sus parientes más cercanos y de sus mejores amigos, y estos, a su vez, al morir, se convierten en vampiros. De modo que, según dicen, existen  en Bosnia y Herzagovina, aldeas enteras, cuyos habitantes son todos vampiros. Añado yo, ¿cuándo vamos? Pregunto…

Ese regomello del que hablaba, se convierte en “uncanny” a medida que avanza la novela. No quiero estropearos la trama adelantando cosas, pero el “uncanny” se siente, o no se siente. Yo me tuve que echar la rebeca por los hombros y, para mí, es señal de que la novela es gótica. 

Por terminar, aconsejo muy vivamente la lectura de esta obra. Por todo lo anterior, quizá por no ser británica y encontrar “otra forma de contar las cosas”. Con todo, piénsese que la aristocracia rusa bebía de las manos de los nobles ingleses a quienes imitaban, por lo que no se encontrarán grandes diferencias, pero algo verá el lector. Ahí lo dejo.


miércoles, 23 de marzo de 2022

Carmilla, de Sheridan Le Fanu

 


He vuelto a leer Carmilla, la famosa novela de una vampira -que no vampiresa- escrita por Sheridan Le Fanu en 1872.

Me parece un error que tantas editoriales, artículos y webs la califiquen como una novela de género lésbico. Lo siento pero, pese a quien pese, el lenguaje de género no estaba inventado en el siglo XIX, ni falta que hacía. En 1872 una mujer podía decir a otra "I love you" o, incluso, besarla en público, sin que ello supusiera una insinuación sexual, del mismo modo que ver a dos hombres turcos paseando de la mano, no sugiere una relación homosexual entre ellos. No pretendamos reformular la historia con los conceptos -o desconceptos- surgidos a partir de la revolución sexual de la década de los 60s del siglo XX porque, entre otras cosas, nos cargaríamos la riqueza de la cultura del Romanticismo en general, y del goticismo en particular.

No, Carmilla no es una novela lésbica. Lo mismo que Drácula no es una exaltación al poder fálico que se clava en sus víctimas. Pero... ¡qué le vamos a hacer! La gente quiere vender libros sea al precio que sea, aún sugiriendo las más peregrinas psico-interpretaciones.

Pero vayamos por partes. Analicemos, en primer lugar, si esta novela puede o no calificarse de gótica. En mi opinión, no cabría la menor duda basándonos en los criterios de "goticidad" propuestos por los literatos especializados al uso (citamos, por ejemplo, a David Stevens, "The Gothic Tradition" o a César Fuentes Rodríguez, "Mundo Gótico") y que en este blog, seguimos:

  • La trama sucede en un castillo, descrito como un entorno gótico, medieval, ancestral... De hecho, no sólo en uno, sino en varios: Laura, la protagonista, vive con su padre en un aislado castillo situado en Austria, en la región de Estiria. Pero también surge, en el momento álgido de la historia, las ruinas de otro castillo, en cuyo cementerio está enterrada la condesa de Karnstein.
  • Se suceden una serie de tramas familiares. Hay una relación doble de Laura con su padre -viudo-, pero también del General -gran amigo de la familia y viudo también- con su hija. Ambos padres, entregados a la felicidad de sus hijas. Contrasta, sin embargo, con la relación, en el caso de Carmilla, de madre-hija, madre que, a pesar de afirmar que su hija está delicada, no duda en abandonarla en el Castillo del padre de Laura, cuando su carruaje se accidenta pero la madre, con prisa de no se sabe por qué, la abandona. Algo paralelo también a lo sucedido al General. Llama la atención el dato del oscuro carruaje, en donde pasea por la noche para seducir a sus víctimas su tutora (madre o tía) muy parecida a Dorottya Szentes y a Darvulia, o que Mircalla fuera la última de su dinastía maldita.
  • Está presente un trasfondo marcado por una profecía o signos ancestrales... el castillo de Karnstein, en ruinas, está situado en un pueblo abandonado misteriosamente, ¿por qué se fue la población? Y, curiosamente, el desenlace de la novela tiene lugar en el cementerio, tras una búsqueda del sitio donde la condesa Karnstein debería estar enterrada...
  • Se suceden una serie de hechos de difícil explicación: cuando Carmilla, aún durmiendo con la puerta cerrada, ve a su amiga en el dormitorio, ¿cómo es ello posible? Lo mismo, en paralelo, habría sucedido en la historia que cuenta el General relacionada a la fiesta a la que acude con su hija...
  • Fiel al ambiente del Romanticismo del siglo XXI, nos encontramos con emociones llevadas al límite; las damas tienen esas maravillosas "enfermedades góticas" que, indispuestas, las obligan a permanecer en cama. Incluso, se ve con total normalidad que Carmilla permanezca en cama, o recluida en sus aposentos, hasta media tarde y que cuando baje, ya a cenar, el sol se haya puesto. Es lo normal, a ver, ¿para qué iba a madrugar si no tenía que estar a las 8 de la mañana en una oficina trabajando? Pues eso.
  • Pero, sobre todo, existe esa sensación de "uncanny" a lo largo de la novela; el lector, a poco sensible que sea, se estremece cuando describe las estancias del castillo, los paseos por el puente levadizo, que ya no se leva, o ¡ay! esas pequeñas incisiones en el cuello que no deberían estar ahí, porque dejamos la puerta cerrada.

No sólo es que esta novela nos parezca gótica sino que nos atrevemos a decir que es de un gótico tan puro como el de "El Castillo de Otranto".


Hablemos un poco del autor. Joseph Thomas Sheridan Le Fanu (1814 - 1873) fue un escritor irlandés de cuentos y novelas de misterio. Sus historias de fantasmas representan uno de los primeros ejemplos del género de terror en su forma moderna, en la cual, como en su relato Schalken el pintor, no siempre triunfa la virtud ni se ofrece una explicación sencilla de los fenómenos sobrenaturales. Nos gusta por eso.

Estudió Derecho en el Trinity College de Dublín, donde fue nombrado auditor de la Sociedad Histórica. Pero a Le Fanu no le agradaban las leyes (normal, por otro lado) y se pasó al periodismo. A partir de ese momento y hasta su muerte publicó multitud de relatos. Desde 1861 hasta 1869, editó el Dublin University Magazine, que publicó muchos de sus trabajos por entregas (conocidos actualmente en los ambientes góticos como "penny dreadful", debido a que eran fascículos de "a penique", y que daría nombre a la famosa serie de TV). 

Las intrigas de Le Fanu, de gran intensidad, están perfectamente construidas. Su especialidad consistía en la recreación de «atmósferas» y «efectos» más que en el mero susto ¿comprendéis ahora el "uncunny" que antes mencionaba?, con frecuencia dentro de un formato de misterio. La lectura de novelas como Carmilla sobre una mujer vampiro, de trama muy efectiva, influyó poderosamente en Bram Stoker para su Drácula.

Uno de sus primeros trabajos, Un episodio en la historia de la familia Tyrone (1839), pudo a su vez haber sido inspirado por Cumbres borrascosas, de Emily Brontë. A veces se ha afirmado que Le Fanu es el padre del cuento de fantasmas irlandés en época victoriana. A juzgar por la trascendencia de su obra, es sorprendente que su aportación no haya sido mejor considerada.

Sus historias más conocidas, leídas aún hoy con asiduidad, son la novela macabra de misterio titulada Tío Silas (1864), La rosa y la llave (1871), y la muy celebrada colección En un vidrio misterioso (1872), que contiene Carmilla, así como Té verde y El conocido, dos famosos relatos de enigmáticos sucesos aparentemente convocados por una oscura culpa.


Otras ficciones de Le Fanu son Los papeles de Purcell, dividido en tres volúmenes; La casa junto al cementerio (1863); La mano de Wylder (1864); Guy Deverell (1865); Vidas encantadas (1868); El misterio de Wyvern (1869), y la publicación póstuma El vigilante y otras historias macabras (1894), otra colección de cuentos.