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Se considera que el origen la literatura gótica se sitúa en Gran Bretaña, en particular durante el Romanticismo. Sin embargo, la primera aparición del término -gótico-, tiene lugar cuando el escritor Horace Walpole lo ubica como subtítulo en su obra El castillo de Otranto: Una historia gótica.

lunes, 13 de mayo de 2024

Vathek y sus episodios, de William Beckford.

 


"𝔑𝔬 os describiré la terrible sensación que causó sobre nosotros el aspecto de aquel lugar. Todos los que están aquí han sentido una semejante, pero un motivo de terror que nos impresionó fue el encuentro del mago. Paseaba con la mano derecha sobre su corazón entre la multitud lúgubre y errante. Nos ve. Las llamas que devoraban su corazón salen por sus ojos, nos lanza una mueca espantosa y se aleja precipitadamente. Un momento después, un maldito div se acerca a Firuzká."

Os he transcrito uno de los últimos párrafos de Vathek y sus episodios, del escritor inglés William Beckford (1760-1844). En realidad es uno de los pocos párrafos que expresan una sensación de terror, de inquietud de desasosiego. 

Por otro lado, si hemos de analizar el hecho de que esta novela sea o no gótica, debemos hacerlo con mucho cuidado porque es una excepción a todas las demás de la época. De hecho, hay analistas que consideran que, si Vathek se califica como "gótica", es a los solos efectos de dar prestigio a esa sub-cultura. 

No estoy de acuerdo con esos analistas pero sí es cierto que Vathek es muy peculiar pues no es una novela gótica al uso, con un caserón, un fantasma, un sótano y una profecía ancestral. Para nada. De hecho, el autor quiso ambientarla, siguiendo la moda iniciada por "Las Mil y Una Noches" en un entorno árabe, oriental, pero oriental a la manera romántica al modo en que los contemporáneos del siglo XIX se imaginaban Persia o Arabia.

Por lo demás, aunque no evidentes, sí que nos encontramos ciertos ingredientes que nos llevarían a calificar como "gótica" la novela. Así, si bien no existe una abadía o un castillo gótico si que tenemos una torre de los horrores donde la madre del sultán hace de las suyas, prueba hechizos, esclaviza una cohorte de negras (la expresión "negras" es del escritor), etc. No falta el elemento sobrenatural, pero no es en este caso los tradicionales fantasmas ingleses o espíritus occidentales. En la novela el escritor, que se documentó muy bien o que quizá fuera, sin más, su cultura general, acudió a la mitología musulmana para sacar a relucir a los "divs", o suerte de demonios del Corán, o a Iblis, u superior jerárquico de la demonología islámica. Por poner algún "pero" creo que, personalmente, la novela no tiene demasiados momentos de inquietud, terror, o "uncanny". O, al menos, yo no los he percibido. Pero allá la sensibilidad de cada cual.

Por lo demás, la novela es un pelín farragosa, que por cierto es algo muy al uso en la novela gótica o romántica de la época, en la que el escritor empezaba a escribir, iba de acá para allá, de repente metía una historia que contaba un protagonista a otro y, al hilo, una historia dentro de la historia. Este esquema lo hemos visto en varias novelas góticas como "Los Misterios de Udolfo".


Vale la pena hablar un poco del escritor, William Beckford y del proceso de composición de la novela que, originalmente, fue redactada en francés en 1782, y traducida después al inglés por el reverendo Samuel Henley. Esta versión fue publicada en 1786 sin mención alguna a Beckford como An Arabian Tale, From an Unpublished Manuscript ("Un cuento árabe, de un manuscrito inédito"), afirmando que se trataba de una traducción de un cierto original árabe. Ese mismo año apareció la primera edición en francés. La primera traducción al español se publicó en 1969. William Beckford escribió también unos "Episodios", historias cortas que pretendía intercalar en el texto principal. Sin embargo, su inclusión en las ediciones de Vathek se demoró hasta mucho después de su muerte.

El personaje que le da título a la obra está inspirado en al-Wáthiq (en árabe: الواثق), hijo de al-Mu'tásim, un califa abasí que reinó en 842–847 dC, quien tenía una gran sed de conocimiento y se convirtió en un gran patrono de académicos y artistas. Durante su reinado estallaron varias revueltas y al-Wáthiq tomó un papel activo en sofocarlas. Murió de fiebre el 10 de agosto de 847. La narrativa de Vathek utiliza un narrador en tercera persona, omnisciente y semi-intrusivo. La novela, si bien puede prestarse a dividirse en capítulos, es un manuscrito completo sin pausas.

La novela narra la caída del poder del califa Vathek, quien renuncia al islam y se involucra junto con su madre, Carathis, en una serie de actividades licenciosas y deplorables diseñadas para ganar poderes sobrenaturales. Al final de la novela, en lugar de alcanzar estos poderes, Vathek desciende a un infierno gobernado por el ángel caído Iblís donde es condenado a vagar sin fin y sin palabras.

En cuanto al autor, os animo a leer bien la introducción a la novela (yo manejo la edición de Valdemar Gótica y el prólogo fue redactado excelentemente por Mauro Armiño) o, sin ir más lejos, lo descrito en la WikipediaWikipedia. Digamos a modo de resumen que estamos ante el típico dandy inglés, que recibió una herencia de dinero increíble y, con ella, una esmerada educación pero que, en vez de administrarla bien, se dedicó a la buena vida, al coleccionismo, a fiestas y a construir mansiones de inspiración y decoración medieval para, finalmente, morir sin apenas nada que legar a sus hijos. 

¿Recomiendo la lectura de esta novela? Pues depende de tu objetivo. Si estás realmente interesado/a en novela gótica y su historia, la respuesta es un rotundo "sí" pero, ya te aviso, deberás armarte de paciencia, al modo que uno se tiene que armar de paciencia cuando lee Los Misterios de Udolfo o tantas otras. Si simplemente buscar una novela de entretenimiento, pues quizá no valga la pena que te adentres en esta novela y, sin ir más lejos, si te gusta la temática orientalizante, te sumerjas en Las Mil y Una Noches o en los Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving.



martes, 7 de mayo de 2024

Mundo gótico, de César Fuentes Rodríguez


 𝕳oy no voy a comentar ninguna novela gótica sino que quiero hablar de un libro de divulgación: Mundo Gótico, del argentino César Fuentes, y cuya primera edición salió a la luz en 2007. Me ha sorprendido mucho poder adquirirlo en una conocida plataforma de compras online cuyo uso, dicho sea de paso, evito siempre que sea posible. Y me ha sorprendido porque hacía unos quince años que llevaba buscando ese tomo y, en las librerías oficiales, me aseguraban que estaba descatalogado, por lo que prácticamente lo daba por perdido salvo ocasiones en que hacía mi búsqueda en apps de ventas de segunda mano o mercadillos de mi ciudad, de Madrid.

Y de repente, me lo encuentro totalmente disponible en esa plataforma que, como sabéis, es la responsable de que ciudades, como Madrid, pierdan el comercio tradicional y lo cambien por bares y restaurantes para atender a los insaciables turistas que, a su vez, son responsables de que el precio de la vivienda suba, y los españoles nos estemos convirtiendo en camareros y mucamos de hotel. ¡Vosotros seguid así, que ya veréis! Se acerca el Apocalipsis.

Pero vayamos al grano. El interés que tenía en esta obra de divulgación, es que fue el libro de texto que utilizaba Mirari Bueno, nuestra profesora de literatura gótica, en los dos talleres de este género al que asistimos, en la Casa del Pueblo de Carabanchel. Y, de manera derivada, en todo este blog he utilizado los criterios que, tanto Mirari Bueno como César Fuentes Rodríguez proponen para valorar la goticidad de una novela. De ahí el interés que tenía en acudir a "las fuentes".

El autor debe ser, por cierto, bastante conocido en los ambientes góticos, si es que tales ambientes siguen existiendo más allá de las tiendas de ropa oscura y discotecas underground postmodernas (recuerdo que lo postmoderno ya es historia y, casi casi, lo podemos mirar como miramos la música clásica de Mozart o Vivaldi... lo siento por los nostálgicos, pero así es la vida).

Pues bien, César Fuentes, si he comprendido la farragosa descripción que de él hace en la contraportada de su libro, es alguien relacionado con el periodismo digital, tanto en prensa, radio, televisión y podcasts. Quizá más conocido en Argentina que en España, sin embargo por sus redes sociales, me consta que tiene muchos seguidores en Europa sobre todo en cuestiones relacionadas con la música metal y rock.

El libro en cuestión tiene una introducción muy interesante que anima al lector a la reflexión de cuestiones importantes: ¿eres gótico? ¿por qué eres gótico? ¿cuál es el origen del término gótico? ¿que diferencia hay entre terror y género gótico? ¿qué nos produce terror hoy? Y cuestiones así.

Se compone de una introducción y seis capítulos: 1) literatura gótica; 2) cine; 3) música; 4) el gótico en España; 5) BDSM (sic) y 6) Subcultura y Moda.

En general me parece un libro muy interesante y aunque en la actualidad, en esta era post-covid, lo "gótico" esté en decadencia (lo cual es muy bueno, pues es señal de que quedará lo más auténtico de lo gótico), no deja de ser interesante la posibilidad de hacer una reflexión o introspección psicológica sobre cuestiones como el individualismo, la sociedad, el romanticismo o la posibilidad de abstraerse del rebaño social consumista en que nos movemos. Y ahí es nada.

Personalmente, y hasta el momento, sólo me he leído la Introducción y el Capítulo dedicado a "literatura gótica" que, por cierto, me ha resultado muy familiar pues, como ya sabía, nuestra profesora y maestra, Mirari Bueno, bebió de estas fuentes cuando impartió su taller de Literatura Gótica.

¿Qué puedo añadir que no sea repetitivo en cada una de las publicaciones de este blog dedicadas al comentario de novelas góticas? Pues quizá una reflexión personal que ha hecho que se me tambalee el edificio de la goticidad de una novela y que, en realidad, es algo obvio, pero en lo que vale la pena detenerse. Lo relato a continuación:

No podemos perder de vista que el término gótico hace inevitable referencia a los godos, pueblo de origen germánico y que llegarían a saquear Roma en el siglo V dC y, posiblemente, hacer tambalear todo el Imperio Romano y dejaría su impronta en los diversos pueblos que habitaron el continente europeo en los álbores de la Edad Media, ya divididos en dos ramas: ostrogodos y visigodos.

Posiblemente, esas raíces medievales de los pueblos godos servirían para dar nombre a uno de los principales estilos artísticos de la Edad Media, el gótico (el otro, previo, era el románico). Sabido es que el arte gótico se caracteriza por no ser exclusivamente religioso, si bien las catedrales góticas son espléndidas. También la arquitectura civil fue gótica y se levantaron ayuntamientos, castillos, palacios, etc. 

Pues bien, la primera novela reconocida como gótica, El Castillo de Otranto (1764), de Horace Walpole, tiene un curioso sobretítulo: "una novela gótica" y que, además, el propio autor reconoce que quiso escribir una novela ambientada en la época medieval. Sabéis que es un reduccionismo el pretender resumir ocho siglos de historia a un sólo estilo, pero es comprensible que en la Inglaterra de mediados del siglo XVIII hablar de "Edad Media" les llevaba a pensar en castillos, abadías y catedrales góticas y, sobre todo, en un ambiente oscuro, fruto de la deformidad que la reforma protestante, con las peculiaridades anglicanas, había sembrado contra el catolicismo de la Europa continental. De ahí que "novela gótica", para Walpole y otros muchos posteriores, era eso: una trama, más o menos misteriosa y sobrenatural, ambientada en un entorno medieval.

Y aquí están las dudas que me han surgido. Mi lector (sabéis que este blog sólo tiene 1 lector) se habrá dado cuenta de que suelo tener "la manga ancha" a la hora de comentar novelas y buscar rastros de goticidad en ellas. Y, si bien es cierto que procuro justificarlo, esta lectura que estoy haciendo de "Mundo Gótico" me lleva al autoanálisis de si estaré haciendo pasar por "góticas" novelas que no deberían y, todo ello, para procurar bien prestigiar la Novela Gótica, bien para autoconvencerme de que sigue vivo un género que, por ley de vida, debería quedarse relegado a la historia de la literatura. Y todo ello, ¿en qué sentido? Pues en el sentido de que, por lo anteriormente comentado, sería necesario que, para que una novela se considere gótica, debería tener un ambiente medieval.

Pues estas son las dudas que la lectura de Mundo Gótico me ha generado pero, entendedme bien, ello no es malo; al contrario, creo que en la vida lo peor que se nos puede imponer es un dogma y una opinión, la que sea, es bueno que esté viva y sea objeto de reflexión.

En eso estamos.



lunes, 29 de abril de 2024

El Agujero del Infierno, de Adrian Ross

 


𝕰l agujero del infierno es una novela publicada en 1914 y este dato me sirve para recordar a mi lector (según las estadísticas de "blogger" tengo uno, sólo uno... un fiel lector y varios visitantes ocasionales pero yo, como primo la calidad a la cantidad, me siento muy orgulloso de que este blog tenga un lector asiduo).

Pues bien, de acuerdo con los académicos, especializados en literatura gótica, ésta tiene propiamente tres períodos:

  1. Los comienzos, situados a finales del siglo XVIII, con autores como H. Walpole (El castillo de Otranto), Godwin, Beckford, Anne Radcliff, M.G. Lewis (El Monje)...
  2. El apogeo, primera mitad del XIX, destacando Tieck, Hoffman, Mary Shelly, Polidori, Poe, Emily Bronte...
  3. Y, el ocaso, hacia finales del XIX: Hawthorne, Collins, Dickens, Guy de Maupassant, Le Fanu...

Hay que mencionar que "los puristas de la literatura gótica" afirman que, en el siglo XX, sin ser tan relevante en lo que a este tipo de literatura se refiere, pueden considerándose "góticos" diversos autores que "chupan de las fuentes", entre los cuales estarían Ambrose Bierce, Joseph Conrad, Lovecraft, Stephen King, Umberto Eco, etc.

Esto es lo que dicen los académicos pero, ahora bien, los que tenemos alma gótica ("y el que pueda escuchar que oiga") pensamos que lo que opinen los académicos nos lo pasamos por el forro de... de la chaqueta de cuero. Y por eso, personalmente, pienso que tanto en el siglo XX como en el XXI podemos encontrar notables novelas góticas de una pureza tal que haría empalidecer aún más a Mary Shelly. Y creo que en este blog estamos viendo interesantes ejemplos.

La novela que deseo comentar hoy se podría perfectamente incluir pues, como veremos, tiene las características esenciales de una trama gótica y, como comentaba al principio, vio la luz en 1914, si bien estuvo oculta para el gran público durante muchos años. Y es que nadie de la época hubiera pensado que Adrian Ross, catedrático de la Universidad de Cambridge, compositor de libretos de ópera y productor de espectáculos musicales, se lanzaría a la tarea de escribir una novela que, la Editorial Valdemar, haciendo gala de ciertos pudores de novicia, califica de "terror sobrenatural" pero que yo, personalmente, no tengo ningún problema en considerarla "gótica".


Pero veamos algo más del autor. La versión inglesa de la Wikipedia y el traductor de idiomas de Google, con leves retoques personales, nos informa que Arthur Reed Ropes (1859 –1933), más conocido con el seudónimo de Adrian Ross, fue un prolífico escritor de letras que contribuyó con canciones a más de sesenta comedias musicales británicas de finales del siglo XIX y principios del XX. Fue el letrista más importante de la escena británica durante una carrera que abarcó cinco décadas. En una época en la que pocos espectáculos tenían una duración prolongada, diecinueve de sus espectáculos en el West End tuvieron más de 400 funciones. Notable, ¿no?

A finales de la década de 1880, Ross escribió las letras de los primeros éxitos del teatro musical británico, incluidos In Town (1892), The Shop Girl (1894) y The Circus Girl (1896). A continuación, Ross escribió la letra de una serie de exitosos musicales, comenzando con A Greek Slave (1898), San Toy (1899), The Messenger Boy (1900) y The Toreador (1901) y continuando sin interrupción durante la Primera Guerra Mundial. También escribió la letra en inglés de una serie de exitosas adaptaciones de operetas europeas que comenzaron con La viuda alegre en 1907.

Durante la Primera Guerra Mundial, Ross fue uno de los fundadores de la Performing Rights Society. Continuó escribiendo hasta 1930, y produjo varios éxitos más después de la guerra. También escribió la novela que hoy nos ocupa, El Agujero del Infierno, y varios cuentos.

Hijo de un comerciante ruso y de una mujer inglesa afincada en la Normandía, Adrian Ross fue enviado a estudiar a la Metrópoli, en concreto a, sucesivamente, las escuelas Priory House School en Clapton, y Mill Hill School y City of London School, en Londres. Más tarde asistió al King's College de Cambridge, donde, en 1881, ganó la Medalla del Canciller por su poema "Temple Bar", y también ganó el Premio de los Miembros por otro ensayo en inglés. En 1883 se graduó con un título de primera clase, ganando la beca Lightfoot de historia y una beca Whewell de derecho internacional. 

Se graduó y fue profesor de la Universidad de Cambridge, enseñó historia y poesía de 1884 a 1890 y escribió sus propios versos serios y cómicos, cuyo primer volumen se publicó en 1884. En 1889, publicó "A Sketch of the History of Europe". También fue traductor de literatura francesa y alemana bajo su propio nombre. Como curiosidad, creó el nombre ficticio "Adrian Ross" debido a la preocupación de que escribir musicales, a veces satíricos, comprometiera su carrera académica.

Demos un giro de volante ahora y centrémonos en la novela, "El Agujero del Infierno". De entrada, los traductores se han tomado sus, digamos, licencias de autor y, al mas puro estilo del doblaje al español, lo han traducido como se les ha puesto en la punta del nabo. The Hole of the Pit fue el título que Adrian Ross eligió para su novela que, literalmente, sería algo así como "el agujero del hoyo". Y si así lo tituló pues así lo tituló aunque en español suene raro. Lo que me lleva los demonios, y nunca mejor dicho, es que la Editorial -que no voy a nombrar- y su traductor, al que llamaremos Javi, para no perjudicarle futuros trabajos, se los ponga de montera y cambien el título a "El agujero del infierno" que sí, quizá suene mejor, pero no es literal. ¿O será que los góticos necesitamos que nos protejan de títulos que puedan sugerir otras cosas, como se vio en All about Eve? En fin, cambiemos de tema porque estas cosas me sublevan.

Vayamos pues al análisis de la goticidad de la novela. De entrada, observamos que Adrian Ross ha empleado una técnica clásica en novela gótica desde Ann Radcliff en adelante, que es una ambientación temporal, si no medieval, post-medieval o en las postrimerías de la modernidad. En este caso, ha elegido un período convulso de la historia inglesa como fue 1645, en que tuvo lugar la Guerra Civil ingresa, contienda que enfrentó a los parlamentarios, con Oliver Cromwell al frente, y a los realistas fieles a Carlos I.


Este entorno histórico permite al escritor situar la novela en un castillo defensivo, rodeado de su muralla y dotado de barbacanas, almenas y demás estructuras arquitectónicas que le dan un ambiente gótico ideal. Por si fuera poco, el castillo está situado junto a unas marismas sujetas a la pleamar y bajamar que provocan las consabidas brumas y, con todo ello, algo misterioso que, al menos en este comentario, no voy a revelar para dar ocasión al lector a que se enfrasque en esta novela, no demasiado larga.

El escenario es, por tanto perfecto, y de hecho, si tuviera que hacerle una crítica a Adrian Ross, es que ha compuesto una novela gótica "de libro", está todo lo que tiene que estar, según los entendidos, para que esta novela sea gótica; en concreto:

  • la trama se desarrolla de tal modo que provoca en el lector esa sensación subjetiva de inquietud escalofriante; no llega a ser miedo, ni terror sino una leve, pero intensa, impresión de desazón, congoja, tribulación. Y os aseguro que, sólo por eso, esta novela "engancha".
  • Del elemento arquitectónico ya hemos hablado. Me sigue dando la opinión de que el autor no está siendo demasiado "fresco" (estamos en 1914) sino que adrede ha hecho que concurran las notas de goticidad. Eso no es malo, pero pienso que es bueno remarcarlo.
  • No faltan tramas familiares...dos primos que son los últimos representantes de una noble familia; otra prima política más que ronda por el castillo, una misteriosa mujer italiana de la que poco se sabe... ¿una "querida" del Conde? Parece ser que sí, pero a su vez de ella se dice que tiene un turbio pasado pues era "una de esas mujeres que iban detrás de la soldadesca en las guerras de Europa" para vaya usted a saber por qué (bueno sí; eso que todos estamos pensando).
  • Tenemos hechos sobrenaturales en cada página, me atrevería a decir... aparte del misterio de las marismas, de ese mal olor persistente, tierras que se hunden, un espectro que ronda el castillo y, una delicia, hasta una invocación que la italiana hace a los demonios, habiendo previamente convencido a todos los protagonistas que se encierren en círculos pintados en el suelo con pentáculos... y, ni te cuento quien acude a la evocación... Vamos, una delicia. 
  • Tenemos erotismo larvado y bien larvado... y a mansalva también... el conde, la italiana, el soldado sueco que a saber que se trae con la italiana, la criada del castillo que gusta por exhibirse por la cantina donde la soldadesca, que no es de piedra, la dicen de todo menos "linda" y, calla tú: menos mal que el protagonista es un puritano de esos protestantes ingleses del siglo XVI que si no, el erotismo larvado se deslarvaría que no veas.
  • Mencionar también esa maravillosa "falacia patética" que nadie sabe lo que es, pero que se aproxima a esa situación en que hay un trueno cuando aparece un espectro y cosas así... En esta novela, como otro punto de goticidad, es la niebla, la bruma, la que crece, con el mal olor de las marismas, cuando algo va a acontecer.
Como resumen, insistir en que "El Agujero del Infierno" o, si lo preferís, "The Hole of the Pit" es una maravillosa novela gótica, que cumple todos sus requisitos, y a la vez es dinámica, interesante, de fácil lectura y que no decepcionará a los aficionados a la literatura gótica. Por favor, no la leáis deprisa sino aprovechad su lectura para confrontar con lo que ya sabéis de otras novelas que habréis leído antes como el Castillo de Otranto, los Misterios de Udolfo o Melmoth el Errabundo. Seguro que os sorprende.

Feliz Lectura.


lunes, 22 de abril de 2024

Ofensa al frío, de Toni Sánchez Bernal


𝕽econozco que, hasta ahora, ésta es la publicación de este blog que más difícil me está resultando. Y el motivo es que me une una gran amistad, basada en un sincero afecto, con el autor de la novela que hoy pretendo comentar, Toni Sánchez Bernal

Su primer libro, "Morir, el último tabú" no fue una novela sino una obra de divulgación basada en una serie de entrevistas que el autor hizo a representantes de diferentes corrientes espirituales y filosóficas -tales como el cristianismo, hinduismo, islamismo, la Fe Bahai, el sufismo o el espiritismo-, sobre lo que nos espera después de la muerte, digamos, física o muerte material. Tal libro llegó en 2019 y, por casualidad -o causalidad-, era una época en la que, personalmente, me estaba sacando un post-grado en la UNED sobre "filosofía e historia de las religiones", así que reconozco que me impactó mucho su contenido.

Ofensa al frío, sin embargo, es novela-novela y con una temática y contenido sorprendente. He querido usar "copilot", o el sistema de "inteligencia artificial" de Microsoft para indagar sobre esta novela y, como no podía ser de otra manera, se ha hecho eco de lo expuesto en diversas webs literarias y editoriales. No lo voy a transcribir porque, desde ya mismo, os aconsejo la lectura de esta novela, y no deseo influiros en cuanto a su argumento que, por cierto, me parece mucho más rico que lo expuesto en la red o en la propia contraportada del libro.

Lo que sí quisiera reproducir, por estar de acuerdo, es que las diferentes reseñas publicadas a fecha de hoy, destacan la intriga original, los personajes excelentemente desarrollados y una forma muy activa en que la historia avanza desde diferentes puntos de vista. 

En lo que no concuerdo, o al menos no al cien por cien, es en calificar esta obra dentro del género de novela negra o thrillers policíacos porque, y aquí está mi aportación, para mí es una novela gótica en toda su pureza... si es que admitimos que se haga novela gótica fuera del tiempo (siglo XIX) y del espacio (Gran Bretaña) habituales. Si nos permitimos esa licencia, y al son de fanfarrias, deberíamos proclamar que un escritor español, en el siglo XXI ya avanzado, ha escrito una novela gótica. ¡Maravilloso!

Cierto es que, como dicen los abogados, la doctrina no es pacífica en el hecho de diferenciar cuando una novela es gótica, de terror o negra. Y, como todo en la vida, nada es 100% puro por lo que, lo habitual, es que en una misma novela haya distintos géneros porque, en realidad, así son las cosas. Por ello, yo no discuto que "Ofensa al frío" tenga en su parte principal, o en vestigios, rasgos de novela negra o de terror. Lo que me importa, en lo personal, es que también tiene rasgos góticos como fiel defensor del género gótico que soy.

Y ahora me toca la parte más difícil, que es defender esa afirmación. Y, por supuesto, tal como vengo haciendo en este blog desde el 2 de noviembre de 2011 ¡cómo pasa el tiempo! me voy a basar en la sabiduría que nuestra profesora de literatura gótica, Mirari Bueno, nos transmitió en varios cursos impartidos en la Casa del Pueblo de Carabanchel, que para castizo, uno mismo, con base en la obra e investigación de César Rodríguez Fuentes y, en particular, en su obra "mundo gótico". A saber:

  • Primero y fundamental: la lectura de Ofensa al frío provoca en el lector un "uncanny" que te mueres de gusto.... sí, sí, "uncanny", esa palabreja tan manida y de difícil traducción al español y que viene a ser una sensación subjetiva de temor, de inquietud, de escalofríos que te provoca la lectura al punto incluso de que, aun siendo verano, le dices a tu compañero "anda, acércame la rebequita, que me la echo por los hombros pues este libro me está provocando un qué se yo que ni para qué..." Pues eso es "uncanny". Y, ya te digo, señora, que no todos los libros de terror te provocan "uncanny"; sólo los góticos: el Castillo de Otranto, el Monje, los Misterios de Udolfo, Drácula, Frankenstein, Cumbres Borrascosas, Melmoth el Errabundo, toda la obra de Lovecraft, el Resplandor y Ofensa al frío. Entre otras muchas, claro está. ¿Y cuándo se siente "uncanny" en Ofensa al frío? Pues en ocasiones muy, muy precisas que el lector comprobará al hilo de la descripción de las bajadas de temperaturas en la casa, o del movimiento de persianas o de... lo siento pero "hasta aquí puedo leer" para no estropearos la novela.
  •  Tenemos el elemento arquitectónico presente en toda novela gótica que se precie. Si bien en el romanticismo gótico literario del siglo XIX, lo propio era un buen castillo, una abadía con siniestros sótanos o un caserón, en Ofensa al frío tenemos... un chalet en la sierra madrileña. Pero no se sonrían y analicen conmigo: coges el coche, tomas la A-VI, te sales por el desvió a Cercedilla o similar, empiezas a atravesar bosques, la carretera se hace cada vez peor, las cuestas empinadas, se hace de noche, no se ve... y allí está el chalet en cuestión. Un chalet, por cierto, donde pasan cosas raras pero raras-raras, al punto de que los habitantes deben pensar (este añadido es mío) "mejor nos callamos porque de lo contrario nos encierran". Pues ese es el elemento arquitectónico gótico que, para colmo de cánguilis, tiene la calefacción estropeada y, aparte del motivo que descubriréis cuando leáis, ya de por sí, hace un frío que te cagas. 
  • Como la más fiel novela gótica, tenemos otro elemento esencial ¡por Dios bendito, si es que Ofensa al frío lo tiene todo! Tramas familiares, desapariciones y sorpresas en los linajes de los protagonistas. Y, por si no fueran pocas las tramas familiares de los protagonistas, también en la inspectora de policía, y en el propio policía. 
  • Por supuestísimo, que tenemos hechos sobrenaturales. Y aquí, por cierto, un diez para el escritor, Toni Sánchez Bernal pues este tema, cuando se toca, se corre el riesgo de caer en lo cutre, esperpéntico o banal. Pues bien, Toni ha sabido tratarlo con elegancia, con respeto y sin dar nada por supuesto lo cual, por cierto, acojona más aún. Los llamamos "hechos sobrenaturales" porque la razón, la pura y simple razón no puede explicarlos. Y porque se han colado en la vida cotidiana de los protagonistas que "saben sin querer saber", pero que están ahí... Al punto que, en un momento dado, ya en plena desesperación, acuden a una medium de un centro espírita de Madrid cuyo contacto han conseguido de casualidad, o -de nuevo diríamos- de causalidad y que les da ciertas pautas para comenzar a enfocar el problema.
  • Nos encontramos con otro elemento gótico típico: emociones llevadas al límite, como por ejemplo nos encontramos en los celos o pasión mal enfocada del policía por la protagonista y que será el desencadenante de la trama. También es llamativo el caso contrario, la situación fría, tensa, equívoca, indiferente... todo eso pero llevado al límite, entre la pareja protagonista de la historia y residentes en el chalet. Super-gótico, vamos. Cuestión que, por cierto, se une al siguiente punto.
  • Falacia patética, que dicen los entendidos; es decir, una tormenta en el momento oportuno, un buen trueno... en este caso, un buen embarazo que llega en un momento álgido de la novela y que, por cierto, hace que el lector se sienta tremendamente preocupado por el devenir del asunto y por una madre que parece expuesta a los ataques de los encarnados y desencarnados.
  • Pero no se vayan todavía: aún hay más. La última característica que mencionan los entendidos del género gótico (y que, por cierto, es la más complicada que se dé una vez iniciado el siglo XX), pues en esta novela se da: erotismo larvado. Es decir, no sexo explícito en plan "ven acá p'acá" sino un erotismo sutil, de "sí pero no", de "no pero sí", de "venga la última vez", de "no así no", de "es que mi hermana se va a enterar", de "es que he vuelto con mi marido".... en fin, no deseo hacer "spoiler" y no puedo explicarlo más, pero confiad en mí cuando digo que en Ofensa al frío tenemos "erotismo larvado".
En resumidas cuentas, no sólo es una novela interesante, dinámica, que te engancha, vamos, y con la que disfrutas de la trama, personajes y redacción sino que, señores, por lo dicho, estamos ante una novela gótica que bien merecería optar a los premios Stoker, de literatura gótica, o a los Shirley Jackson. 

Y, como por las vísperas se conocen las fiestas, y mañana es 23 de abril: ¡feliz Sant Jordi a todas y a todos!

miércoles, 17 de abril de 2024

Pronto será de noche, de Jesús Cañadas


 𝕰n la última década se ha generalizado la llamada literatura distópica de la mano, a su vez, de un sinnúmero de series de TV que, a falta de imaginación en otros géneros, ya agotados, se han volcado en desarrollar un futuro en el que, de todas las opciones posibles, el ser humano se va a conducir a la peor, a la más destructiva, a la más sangrienta, a un fin difícil. 

En literatura, ¿es gótico el género distópico? Pues la respuesta no es única. Sí y no. Y, con esta contestación, ya me estoy alejando de la opinión vertida en tantas presentaciones de libros organizada por la Semana Gótica de Madrid que, dado que "poderoso caballero es don Dinero", han presentado ante el público novelas y escritores que, de gótico, no tienen ni la camiseta negra que vestían. Y esto es así pese a quien pese, y se puede decir más alto, pero no más claro.

Por ello, yo no me atrevería a hacer una manifestación dogmática en plan "todas las novelas distópicas son góticas" o, lo contrario. Pienso que lo más honesto, es sumergirse en la lectura de cada obra en concreto y valorar. Dentro de que, por supuesto, en la literatura tampoco, nada hay blanco o negro, pues las sensaciones que a mí me proporcione una obra de Asimov, pongamos por caso, van a ser muy distintas de las que te evoquen a ti. Y esto es así. No nos vamos a poner dogmáticos a estas alturas de la vida.

Dicho esto, quisiera comentar una novela que me ha gustado mucho, de un escritor español, Jesús Cañadas, titulada "Pronto será de noche". Yo la tengo en Edición Valdemar (os prometo que no estoy a comisión de esa editorial, simplemente, me gusta mucho su calidad general), pero no está en la línea "Gótica" sino en la de "Insomnia".

 Pero vayamos antes al autor y a dar breve bosquejo sobre su persona. Jesús Cañadas es un escritor nacido en Cádiz en 1980 y con una diversa formación académica que incluye una ingeniería técnica en informática (Universidad de Cádiz), una licenciatura en documentación (Universidad de Granada), y un máster en gestión cultural (universidades de Deusto, Gotinga, y Osaka). En 2011, publicó su primera novela, “El baile de los secretos”, que se convirtió en finalista al Premio Scifiworld a la Mejor Novela. En 2013, lanzó su segunda novela, “Los nombres muertos”, que lo posicionó como uno de los valores emergentes del género fantástico en España. Este libro fue seleccionado como uno de los mejores libros nacionales de 2013 según el periódico ABC. La crítica lo describió como “uno de los autores que mejor ha sabido centrifugar aventuras, ciencia-ficción y referentes culturalmente dispersos”.

Su tercera novela, la que es objeto de la presente entrada en este blog, “Pronto será de noche”, fue publicada en 2015, y es descrita como un thriller apocalíptico que le valió apelativos como “el nuevo maestro del horror más asfixiante, incómodo y sangriento”. También se le ha reconocido como “el actual amo de los horrores en la literatura española”. 

Obviamente, no voy a revelar el contenido de la novela ni, en este caso, a realizar un resumen pues francamente, si estás leyendo esto, te sugiero que la busques y leas ya que pienso que vale "muy mucho" la pena por la calidad de redacción, imaginación de la situación, desarrollo de los personajes y trama. Además el autor ha tenido la genialidad de no meterse ni con las causas ni con las consecuencias de una situación desastrosa. Simplemente se centra en un momento dado y ahí desarrolla la trama. ¿Qué pasará después? Pues, en realidad, qué mas da.... y, si nos paramos a pensarlo, cuantas veces la vida misma es así. Por lo tanto, ¡bien por el escritor!

Lo que sí quiero hacer es defender, siempre desde mi punto de vista, la goticidad de esta novela. Obviamente no es una trama ambientada en un tenebroso castillo de la Italia medieval, ni hay monjes rezando maitines al amanecer, pero sin embargo, mutatis muntandi, nos encontraríamos los elementos que el autor, tanto reiterado en este blog, César Rodríguez Fuentes, expone como característicos de una novela gótica. A saber:

  • La lectura provoca esa sensación de "uncanny", que dicen los ingleses, subjetiva, sí, pero real a poco sensitivo que sea uno. Es decir, el estilo y la descripción provocan en el lector, un cierto regomello, una "carne de gallina" en los brazos, un escalofrío que te recorre por la espalda, aún haciendo calor en la calle. ¿Y por qué? Pues difícil responder a esa pregunta, pero sucede que el autor, al estilo de los clásicos del siglo XIX, consigue meter al lector en la escena, sentir el desasosiego que los personajes sienten, preocuparse por el mañana, lamentar el ayer, no saber porque nadie te informa... En definitiva, no se sabe -ni falta que hace- si tenemos un elemento sobrenatural de por medio pero sí es cierto que el ser humano, en situaciones así, como no puede controlarlo todo, se muestra vulnerable. Y eso, no es que dé miedo, es que preocupa, agobia, emociona incluso.
  • Como decía, no tenemos un castillo pero sí un equivalente actual: una serie de personas encerradas en sus coches, en un tremendo atasco de la autopista. Y es que, pensémoslo bien, ¿cuántas horas de nuestras vidas pasamos en el coche? Casi, casi, es un hogar donde nos sentimos seguros cuando estamos dentro pero que, al salir de ellos, se muestra una vida torcida, preocupante, escalofriante.
  • Tenemos una trama en la que comienzan a darse desapariciones, muertes extrañas que sobrepasan la clásica pregunta sherlockiana de "quién ha sido el asesino". Eso casi es lo de menos, y queda relegado a un problema mayor: por qué, para qué, cuándo, habrá más, etc.
  • Erotismo larvado, que es algo distinto del sexo explícito, se da, existe y derivado muchas veces del comportamiento viril de un policía que interacciona con otras compañeras de autopista, a veces para protegerlas, a veces para poner orden pero que, claro está, también trae su mochila cargada con pesados pedruscos...
  • Se dan una serie de hechos que el autor extraños, no se sabe si sobrenaturales, extraplanetarios parece ser, o qué, pero que no se explicitan. Sencillamente están ahí: asustan, provocan que la gente huya, pero no está claro por qué... La falta de lógica hace también que el ser humano sea vulnerable lo mismo que en El Castillo de Otranto, de Horace Walpole, la falta de lógica y la sensación escalofriante que provoca, dio el pistoletazo de salida de la novela gótica.
  • Nos encontramos además con una serie de emociones llevadas al límite, al más fiel estilo de los desmayos de las damas del romanticismo. Estoy exagerando, claro está, pero surgen eso, paroxismos, nervios descontrolados y, por si fuera poco, una mujer embarazada aporta una nota de peligro, de necesidad de protección.
En definitiva, no puedo si no contar cosas positivas de esta novela, y recomendar su lectura, con una pequeña reflexión adicional: ¿puede una novela distópica ser considerada como gótica? ¡Sí! ¿Existen novelas españolas góticas? ¡Sí! ¿Se sigue escribiendo novela gótica en el siglo XXI? ¡Sí!

Pues lo dicho: ¡feliz lectura!




martes, 16 de abril de 2024

Libros de sangre (por Clive Barker)

 


𝕾é bien que hoy día, tener y actualizar un blog, es como escuchar música en un walkman: algo muy trasnochado. Sucede, sin embargo, que a pesar de tener yo cuenta en un par de redes sociales, me niego a usarlas para divulgar ya que es imposible reducir una idea a un corto número de palabras. Lo siento para los que están muy ocupados y solo pueden leer en redes sociales... este blog no es para vosotros. Lo siento también si visitas más a menudo Instagram que un periódico, sea cual sea éste, pues te voy a dar una mala noticia: a pesar de lo que dice el refrán, "en Instagram una imagen miente más que mil palabras".

Así que, ¡allá tú! Yo, por mi parte, voy a continuación, a llevar a cabo la actualización anual de este blog. A fin de cuentas, los vampiros somos inmortales y no tenemos ninguna prisa en actualizar un blog.

Por cierto que si tengo algún objetivo previsto con este blog, no es otro que conseguir que el potencial lector o lectora aprendan a diferenciar la literatura gótica de la literatura de terror. No tienen nada que ver, ¿está claro? (Si tienes duda, te recomiendo que releas mi blog desde el principio).

Pues bien, hoy voy a comentar otra novela que también está publicada en la editorial Valdemar Gótica y que, sin embargo, no es gótica. Eso sí, tras la bronca que les eché el año pasado a los señores de Valdemar, he hecho el firme propósito de no volver a enfadarme con ellos. En parte porque luego, en persona, me caen muy bien, y en parte porque si quieren publicar en su línea de Valdemar Gótica libros de terror, cocina, deportes alternativos o cuidado del jardín, ¿quién soy yo para criticarles? Más aún cuando, vamos a reconocerlo, la calidad de impresión, de las traducciones, de la portada y del mismo papel, es una delicia. Así que nada, señores de Valdemar, seguimos tan amigos a pesar de que, una vez más, y en este caso, con el tomo de Libros de Sangre (volúmenes I, II y III) de Clive Barker, nos encontremos ante una obra de terror, pero no gótica.

Pero vayamos por partes: ¿Quién es Clive Barker? Déjame que te cuente, limeño, pues Lady Wikipedia tiene la gentileza de informarnos que Clive Barker, (Liverpool, UK, 1952) es escritor, director de cine y artista visual británico. Estudió Inglés y Filosofía en la Universidad de Liverpool. Su vasto repertorio artístico abarca desde cuentos de horror hasta obras maestras de fantasía moderna con tintes de horror. Barker es uno de los más aclamados autores en los géneros de horror y fantasía. Inició su carrera con diversos relatos de horror recopilados en la serie “Libros de Sangre” (Books of Blood) y la novela faustiana “El libro de las maldiciones” (The Damnation Game). Posteriormente, se trasladó hacia el género de la fantasía moderna con toques de horror. Su estilo más característico incluye la idea de que existe un mundo subyacente y oculto que convive con el nuestro, el papel de la sexualidad en lo sobrenatural y la construcción de mitologías coherentes, complejas y detalladas. La serie “Libros de Sangre” fue publicada en Estados Unidos en una edición barata, pero la originalidad, intensidad y calidad de las historias hicieron que Stephen King manifestara: “He visto el futuro del horror y su nombre es Clive Barker”.

De él se dice que es conocido por su habilidad para explorar lo inimaginable y lo indescriptible, sumergiéndose en las profundidades de nuestras pesadillas más oscuras.

Hasta donde llego a saber, Valdermar Gótica tiene dos tomos publicados de Clive Barker: el que yo he leído (nº 103 de la colección y que integra tres volúmenes) y otro que tengo adquirido pero aún no he abordado (el nº 108, con otros tres volúmenes más). Por tanto, mis impresiones se refieren al primero de ellos.

Compuesto por 16 relatos cortos, y si hacemos caso a la reseña de la contraportada, este tomo contiene algunas de las mejores historias cortas de Clive Barker. El autor contribuyó a la evolución del género de horror al introducir el sexo y la violencia de manera gráfica y brutal. Algunos relatos notables incluyen:

  • “El Tren de Carne de Medianoche”, una historia enraizada en las películas de terror más explícitas.
  • “El blues de la sangre de cerdo”, que mezcla elementos de “El señor de las moscas” y “La naranja mecánica”.
  • “Terror”, con un sadismo entre lo explícito y el voyeurismo.
  • “Restos humanos”, considerada una obra maestra de la ficción macabra moderna.

Mi opinión personal es que son unos relatos interesantes, que mantienen al lector en vilo. Pienso que Barker es un excelente escritor de terror del siglo XX. Quizá predomina demasiado el elemento "sangre" pero no por eso va a desmerecer. Insisto, es una buena obra y un buen escritor.

Pero, desde mi punto de vista, no se puede calificar como de literatura gótica; o al menos, en mi opinión que, por marcarme un criterio, trato de aplicar las características generales de la novela gótica expuestas por César Fuentes Rodríguez ("Mundo gótico") y que así aprendí en el excelente curso que, sobre literatura gótica, impartió nuestra maestra y amiga Mirari Bueno. A saber:

  • Falta el elemento esencial denominado "uncanny", en inglés, y de difícil traducción al castellano, pero que viene a indicar una sensación subjetiva de misterio y suspense que provoca en el lector cierto "regomello" o "escalofrío". En los relatos de Barker podemos asombrarnos, inquietarnos y, si nos gusta, regodearnos con escenas sangrientas o con un futuro distópico pero... eso no es "uncanny".
  • No está presente en ninguno de sus relatos el elemento arquitectónico, tan tradicional en las novelas góticas: castillos, abadías, caserones... 
  • No surgen, y si lo hacen tienen un carácter muy secundario, tramas familiares, desapariciones o sorpresas en los linajes de los protagonistas. Tampoco existe una profecía ancestral o nada que se le asemeje.
  • Los hechos sobrenaturales, o bien están demasiado explicados, o bien sometidos a la lógica o bien se vanalizan, lo que no influyen en contribuir una atmósfera inquietante.
  • No hay emociones llevadas al límite ni están presentes esas maravillosas "enfermedades góticas", desmayos o convulsiones. Bien, esto tiene su explicación, pues nos movemos en un siglo XX avanzado, que nada tiene que ver con la época del Romanticismo.
  • No se da el erotismo larvado propio de la literatura gótica sino, pura y directamente, sexo explícito. Achaquémoslo, de nuevo, al siglo que nos ocupa. Así es la vida.
  • Tampoco es habitual esa "falacia patética" que tanto nos gusta (truenos y centellas, nocturnidades, vientos huracanados, portazos...).
No me malinterpretéis: no estoy realizando una crítica negativa a los Libros de Sangre. Reconozco que me han gustado mucho y que he disfrutado con su lectura. Pero recuerdo que este blog está dedicado a la literatura gótica, por lo que me limito a exponer cuando, en mi opinión (y respeto la contraria) una obra puede ser considerada como gótica y cuando no.

Iba ya a despedirme hasta el año que viene pero...¡no! Y es que tengo entre manos una sopresita que no os voy a desvelar: una novela española, de un autor joven, reciéntemente publicada en la que me estoy encontrando, por sorpresa, pues no lo esperaba, abundantes elementos góticos. Pero aún no he terminado su lectura así que espero, en breve, volver a publicar.

Y ahora sí, os dejo, pues me voy al Centro en el que sigo estudiando y practicando el Espiritismo (bien entendido éste). Au revoir.


lunes, 26 de junio de 2023

Relatos Fantásticos, de Iván Turguéniev.


 𝕰n una reciente visita a la Feria del Libro de Madrid, encontré por azar este librito que, de una manera compulsiva quizá (puesto que no tenía una reseña previa), adquirí, me llevé a casa y devoré. 

Reconozco que para mí siempre es una sorpresa toparme con novelas góticas escritas originalmente en una lengua distinta al inglés. No sólo por la originalidad sino porque es agradable encontrar que las características que sostenemos deben acompañar una novela gótica, no se dieron sólo en la Inglaterra decimonónica o en los incipientes Estados Unidos sino, de una manera global, en otros países. Dejo a los expertos indagar sobre la influencia que, en este caso, en Rusia tuvieron los escritores británicos.

Estoy hablando de los "Relatos Fantásticos" del escritor ruso Ivan Sergeyevich Turgenev (o, sencillamente, Ivan Turguenev, 1818-1883), autor clásico autor y considerado uno de los mejores talentos de la literatura rusa. Sus novelas, obras de teatro y poesías reflejan temas de sufrimiento de clase y profunda humanidad, al mismo tiempo que retratan el amor nostálgico idealizado, las jóvenes inocentes y el trasnochado desvanecimiento de la nobleza rusa.

Cabe señalar que un par de estos relatos (Toc, toc, toc. Un estudio; Tres encuentros), más que historias fantásticas, son de intriga, donde un aparente suceso sobrenatural resulta ser un malentendido o una casualidad que se revela al final. Otros relatos apenas rozan genuinamente el género fantástico, más allá de la presencia de algunas visiones fantasmales, que sin embargo son esenciales para la trama. Estas apariciones fantasmales y espectrales no son la irrupción repentina de lo inexplicable y ominoso en la realidad física, sino el origen de profundas alteraciones psicológicas en quienes las sufren, que suelen conducir a la muerte.

  En cualquier caso, estos relatos de Turguéniev se alejan tanto de la tradicional historia inglesa de fantasmas como de los frenéticos horrores del Romanticismo germánico y francés. La ambientación en el mundo rural y la tipología de los personajes -generalmente jóvenes que se mueven entre el campo y las grandes ciudades de San Petersburgo o Moscú-, son típicamente rusas.

En cualquier caso, estos relatos deben considerarse dentro del "género gótico", ya que contienen los elementos más comunes: sensación de "uncanny" en el lector, atmósfera oscura, gran importancia del hecho arquitectónico (castillo, villa, casa de campo, mansión urbana...), tramas familiares, seres sobrenaturales, etc.

Sin duda, un libro muy recomendable.