VorMel...

VorMel...
“Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron Siete Trompetas. Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos. Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto.” (Apocalipsis8, 2-5) Los nombres de los siete ángeles son Miguel, Gabriel, Rafael, Uriel, Jofiel, Shamuel, Zadkiel. En la profecía, nadie habló de VorMel. O bien no es un ángel o bien tiene otra profecía que contar...

jueves, 30 de junio de 2022

La calle, de Howard Phillips (H.P.) Lovecraft

 


C
omo lo prometido es deuda y para que nadie me cante aquello de "antes de meter, mucho prometer; y después de haber metido, nada de lo prometido", voy a comentar una de las novelitas cortas de Lovecraft. Casi la he elegido al azar, con el fin de corroborar o excepcionar mis propias afirmaciones que vertí en esta otra entrada, afirmando que considero como "gótica" toda la obra de Lovecraft.

Posterior a mi elección, y documentándome antes de escribir estas líneas, me he enterado de que fue una obra un tanto polémica, pues tiene cierto tono racista y xenófobo (dice la Wikipedia, que tampoco es que yo me fíe mucho del conocimiento publicado sin contrastar). En todo caso, para formarme mi propia opinión, he releído la novela.

Escrita a finales de 1919, fue publicada por primera vez en la edición de diciembre de 1920 de la revista Wolverine Amateur Journal y reeditado por Arkham House en la antología de 1959 The Shuttered Room and Other Pieces. Mi lectura la he hecho del Tomo I de Narrativa Completa de H.P. Lovecraft, publicado en la colección Valdermar Gótica.

Comienza el relato contando el origen de "la calle" que sería una de tantas de cualquier pueblo o ciudad de, aunque no la cita, Nueva Inglaterra. Como todas, y quizá por azar, comenzó siendo una senda por donde se frecuentaba el paso de carros, gente hasta que finalmente vinieron las construcciones. Hablar de estos orígenes, es hablar de los colonos que llegarían de Inglaterra y que fueron poblando esa zona este de los Estados Unidos. El progreso y prosperar de sus habitantes, cambiaría las cabañas por casas y estas por mansiones, algunas de lujo, "con porcelanas de China y cuberterías de plata traídas de la Madre Patria". El dato de los jóvenes que empezarían a acudir a la universidad  que se levantaba en la llanura del norte, nos hace pensar si Lovecraft no está definiendo alguna calle de Boston.

Y aquí me detengo para identificar una pequeña nota de sobrecogimiento: la descripción de generaciones anónimas que pasan, pero que Lovecraft humaniza con detalles de vestido y costumbres, a a vez que "la calle" permanece, transmite al lector una leve sensación de sometimiento al tiempo y, con él, cierto desasosiego.


El tiempo pasa y la sociedad cambia. Habla de nuevos habitantes de acentos toscos y desagradables rostros y expresiones. Admito otras interpretaciones, pero no veo en ello un ápice de racismo y xenofobia por parte de Lovecraft. Y es que esos acentos y expresiones desagradables no son otros que los de cualquier persona que emigre para buscar una mejor fortuna o, esos críticos populistas, ¿piensan acaso que los viajeros del Mayflower tenían caras angélicas o sonrisa a lo Bo Derek? Las expresiones de los que tienen que dejar atrás su vida para sobrevivir, son las mismas, vengan de Inglaterra, Italia, España, México, sean Curdos o emigrantes que, desde la región de Sayago, en la provincia de Zamora, emigran a Madrid, para buscar trabajo. 

Sea como fuere, y por el propio fluir del tiempo y evolución de las cosas, parece ser que "la calle", sujeta a ese ciclo de los tiempos, perdió el glamour antes adquirido, empobreciéndose. Aprovecho ahora para dar mi opinión: seguro que en el siglo XXI esa "pobre calle" volvió a florecer, habitada por prósperos hipsters, cafeterías de diseño con conexión Wifi y acciones en Wall Street. Este artículo comienza a fastidiarme mucho, así que centrémonos en el estudio de la "goticidad" de la novela.

Para hacer este análisis, sugiero al lector que lea la novelita hasta el final pues, especialmente importantes son los últimos tres o cuatro párrafos. Finalmente se verá en que no hay ni un sólo protagonista humano en la obra. La protagonista es "la calle" y, de modo tangencial, un poeta y un viajero que, hacia el final, dan su explicación sobre "los hechos".

Obviamente, no hay un castillo o abadía propios de las novelas góticas de su Edad de Oro, pero Lovecraft se las arregla magistralmente para que tengamos en la cabeza esas notables mansiones victorianas de Nueva Inglaterra, al principio espléndidas y, pasado el tiempo, en decadencia...lo que las hace más hermosas y, a la vez, más tenebrosas.

En la trama existe un hilo que no es otro que el hilo de la historia del ser humano. Ya antes comenté que me resulta paradójico que, un país donde todos -históricamente- fueron emigrantes, se califique a los nuevos residentes como emigrantes; posiblemente estemos ante una de las miserias del ser humano y que, ya de por sí, es lo suficientemente tremenda como para provocar pánico. En este punto, pienso que Lovecraft está siendo irónico, agudo, incisivo. Insisto, lejos de acusarle de racista, pienso que está siendo agudamente irónico con esa sociedad blanca y machista que se ve a sí misma como limpia y de puro acento frente a las demás olas de habitantes que, inevitablemente, llegan aquí y allá en este planeta. La cuestión es plenamente actual. Y eso sí da miedo.

Pero, ¿que sucede al final? Quizá basta un párrafo para transformar una obra social en una obra gótica. Lo dejo a la discreción del lector, pero con una gran genialidad observamos que, más allá de la decadente realidad, hay otro mundo, onírico, desconocido, misterioso, preocupante.... pero, ¿no estamos hablando de nuestra realidad?

La sensación de "uncanny" está servida y, con ella, la afirmación de goticidad de esta obra.

martes, 28 de junio de 2022

Hablemos de Lovecraft

 


Todo blog de literatura gótica que se precie debería hablar de Lovecraft, sea para comentarle, sea para decir que no se va a comentar nada porque no se considera "gótico". Pero, en todo caso, debería dedicarle siquiera unos párrafos.

Y es algo que yo, hasta ahora, no he hecho. Me cuesta; me cuesta mucho trabajo hablar de Lovecraft porque, primero, no creo estar a la altura de sus talones para, siquiera, comentarle. Segundo, y soy sincero, me resulta muy difícil entender su Universo. Y, tercero, porque sé que, diga lo que diga, voy a equivocarme con Lovecraft y que, hasta que no acuda al Plano Astral, no podré, al menos remotamente, atinar con él y con su obra. Y es que Lovecraft es lo más, el más grande, el más inalcanzable, el peor comprendido, el más admirado.

Pero, sin embargo, cuando leo alguno de sus relatos...¡me gusta tanto!


En casa estamos haciendo la colección de "Valdemar - Gótica"; un conjunto de 116 tomos editados en un papel fantástico, una cubierta preciosa, una traducción impecable y unas introducciones muy interesantes pero... "que no son todos los que están ni están todos lo que son" y, la antigua parte de esa premisa es la que más me preocupa, cuando leo con avidez alguno de sus libros y me encuentro con que no, no se podrían calificar de "góticos". En todo caso, dos de los primeros tomos que conseguimos fueron los de la "Narrativa Completa" de H.P. Lovecraft. Gracias a esta copilación he aprendido que a Lovecraft no hay que leer de corrido. Es preciso leer tranquilamente alguno de sus relatos, dejarlo estar, y tiempo después, acometer el siguiente.

Pero vayamos al meollo del asunto. En términos generales, ¿podemos considerar como "gótica" la obra de H.P. Lovecraft? 

 Los puristas dirán que no, que no se puede hablar propiamente de "novela gótica"; los demás -de moral más laxa- diríamos que, lo mismo que los góticos no mueren -aunque ya no vistamos de negro- tampoco la novela gótica est mort. Y, en consecuencia, si se siguen dando las características básicas -el uncanny- seguiríamos hablando de novela gótica, aunque ésta no esté ambientada en un castillo o abadía sino en un hotel de las montañas de colorado o en una nave espacial. ¿Cómo negar la goticidad a novelas como "The yellow Wallspaper" (Charlotte Perkins Gilmon), "El corazón de las tinieblas" (Joseph Conrad), las maravillosas historias de fantasmas de Algernon Blackwood, "El Castillo" o "El Proceso" de Kafka -con ciertos matices-, toda la obra de H.P. Lovecraft, "Rebeca" de Daphne du Maurier, "El resplandor", de Stephen King, o "El nombre de la rosa" de Umberto Eco?

Pues eso.

Y, repasando el anterior párrafo, veo que ya me he posicionado, afirmando que toda la obra de Lovecraft la considero gótica. Esto debería explicarlo con más detalle.


Pienso que la obra de Lovecraft nos sobrecoge porque se adentra en un mundo, no de fantasmas, vampiros, demonios o de hombres-lobo que a mí, personalmente, no me asustan, sino en algo más aterrador: el mundo interior del ser humano que, a veces, se manifiesta en sueños, a veces en manifestaciones de la locura, a veces en intuiciones, a veces en inspiraciones. Y es un mundo que es todo, menos pacífico. Y quizá esas manifestaciones expliquen el problema de la maldad del ser humano. Ahí es nada.

Afirma Juan Antonio Molina Fox, en la introducción del tomo antes citado, que "Al igual que el autor de El Cuervo -E.A. Poe- Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) fue un ave nocturna y un cazador de sueños (...)" en el que la noche no sólo fue un voluntario y perpetuo exilio interior sino que, además, le posibilitaba el acceso al paradisíaco mundo de los sueños, embarcándose en un viaje sin retorno hacia una nueva dimensión: el miedo cósmico, el terror de los espacios infinitos. De hecho, el sueño, en el Universo de Lovecraft, constituye una puerta de entrada a otras dimensiones del más allá de la cuarta, inalcanzables para los seres humanos.

Estoy siguiendo la introducción del reiterado libro, porque no tiene desperdicio. Y aquí quiero detenerme para realizar una constatación: sin conocerle a fondo, sospecho que Lovecraft tenía una idelogía "materialista", en el sentido de que considera que la realidad está únicamente constituida de "materia" y no de "espíritu". Por tanto, su obra está lejos de lo que, los autores clásicos consideraban seres terroríficos espirituales como un demonio, un espíritu obsesor, un fantasma o un ser n-muerto. Los monstruos de Lovecraft, aunque él mismo los denomine, quizá por falta de vocabulario en el lenguaje humano, dioses o demonios, son en realidad, criaturas de otras dimensiones, pero materiales al fin y al cabo. Más poderosos que el ser humano y, en ocasiones, anteriores a la propia historia de la humanidad pero... seres de mj.ateria, aún materia rarificada. Y esto nos da una idea de la modernidad, imaginación (hago un inciso aquí ¿imaginación o percepción? ahí lo dejo...) y genialidad del autor.

Por eso, prosigue Molina afirmando que "como Poe, Lovecraft abandona definitivamente las invenciones mágicas o legendarias de los góticos y, en su lugar, los terrores del alma, la enfermedad, la perversidad o la decadencia, se convierten en verdaderos protagonistas, culminando con ello la mutación del cuento de miedo anunciada por el primero con su renuncia a seguir utilizando temas y personajes del repertorio romántico (castillo encantado, fantasma, vampiro, pacto diabólico, brujería, etc.) para materializar sus propias fobias y temores infantiles, mostrando así el terror lívido de los sueños, terror de muerte, del juicio final, meteórico, inexplicable".

En este punto, muchos podréis decir que insisto en considerar a Lovecraft como "gótico" para dar prestigio a la literatura gótica. Bien, es un punto de vista. Pero si seguís mi blog, sabréis también que me niego a encorsetar "lo gótico". Se puede ser gótico sin vestir de negro, sin llevar corsés -nunca mejor dicho- sin acudir a antros góticos, sin escuchar música gótica o, es más, sin considerarse gótico. Para mí, "ser gótico" es más un estado del alma, una apertura de la mente y una sensibilidad extrema capaz de dejarse sobrecoger por lo que no queda en nuestro control, sea esto un vampiro, un fantasma o un ser de la quinta dimensión. Admito otras interpretaciones, pero la mía, es esta: Lovecraft es gótico.

En sucesivas entradas, trataré de comentar alguno de los relatos de H.P. Lovecraft-

viernes, 24 de junio de 2022

El Gabinete de los Ocultistas, de Armin Öhri

 


Quienes seguís este blog porque os interese la literatura gótica -a pesar de la falta de constancia de quien os escribe-, sabéis que mantengo un criterio muy claro para diferenciar una novela gótica, de una novela de terror, o una novela victoriana o de la época del romanticismo. Considero que son estilos muy distintos y conviene clasificarlos correctamente. Especialmente complicado, en ocasiones, es determinar cuándo una obra es del género "terror" en vez del género -o subgénero, para que no se enfaden determinados académicos- "gótico".

En mi caso me alineo con el parecer de César Rodríguez Fuentes, quien en su obra "mundo gótico", delinea las características de la novela gótica. Para quien le interese revisarlas, le redirijo a las entradas que publiqué en este mismo blog pinchando aquí y aquí. Estas características, justo es reconocerlas, nos fueron expuestas por nuestra entonces profesora, y ahora amiga, Mirari Bueno.

Dichas características (trama familiar, entorno en un castillo, sucesos misteriosos, entes paranormales, profecías ancestrales, emociones desbocadas, etc.) pueden darse en mayor o menor grado, pero la que no puede faltar es la de una atmósfera misteriosa, que calificamos con una palabra inglesa de difícil traducción al castellano: "uncanny", que es "ese regomello o escalofrío que a uno le recorre la espalda cuando lee literatura gótica, aún en verano y con 40º de temperatura en la sombra". Es una sensación, por tanto, subjetiva pero que los que leemos literatura gótica, sabemos distinguir del terror puro que otros géneros puedan plantear. Tal vez sea sutil, pero preciso.

Una de las grandes preguntas que los lectores  nos hacemos es si aún hoy, en pleno siglo XXI, se escribe literatura gótica y la respuesta es que sí; que si bien en este género iniciado a finales del siglo XVIII (Walpole, Radcliff, etc.), que alcanzaría su apogeo en la primera mitad del siglo XIX (Polidori, Shelley, Allan Poe...) y llegaría  a su ocaso a finales del mismo siglo XIX (Le Fany, Guy de Maupassant, etc) no se puede restringir al pasado y, de hecho, el siglo XX nos ofreció autores de la talla de Lovecraft, Umberto Eco o algunas novelas de Stephen King que, sin ningún tipo de duda, se pueden calificar de "góticas".

Así las cosas, ¿por qué no considerar que, cumpliendo unas mínimas bases, se puede hacer literatura gótica en el siglo XXI? Tal vez esté pasado de moda ubicarnos en un castillo, o enredarnos con una trama familiar pero considero que, hoy más que nunca, y tras haber superado una pandemia mundial, aún inexplicada en sus orígenes, y con una situación de inflación de precios ocasionada en gran parte por las productoras de electricidad tradicionales (por tanto, contaminantes), que en un acto de recorte de oferta han reaccionado como víboras a las "leyes de transición energética", impulsadas por la Unión Europea para combatir el cambio climático... decía que hoy, más que nunca, existen aspectos de la vida que aterrorizan. Y no hablamos de un vampiro, un fantasma o los dioses antiguos del Universo de Lovecraft, señores, hablamos de directivos de empresas y, en muchos casos, ex-ministros ubicados y reubicados en los Consejos de Administración de las mismas.

Es por ello, que considero que hay campo para hacer literatura gótica, soñar y evadirnos de un mundo de mierda sumergiéndonos en ese mundo paralelo de castillos, dragones, damas, caballeros, vampiros y brumas en los páramos que rodean esas cumbres tan borrascosas...

El libro que propongo comentar hoy está escrito por Armin Örhi, un joven escritor nacido en 1978 en Liechtenstein, y que estudió Historia, Filosofía y Filología Alemana. Antes de la novela que planteo hoy, "El Gabinete de los Ocultistas", había escrito otra, relacionada pero no precuela, es decir, no es necesario leer una y luego la otra, titulada "La musa oscura", en la que ya aparecerían algunos de los personajes de El Gabinete de los Ocultistas. Llama la atención, primero, es tratarse de un escritor del siglo XXI que se adentra en el género ¿gótico? ¡hmmm! luego hablaremos de ello; y, segundo, que no es un escritor británico, sino de ese pequeño principado pero que, en general, bebe de la cultura alemana.

La contraportada del libro, nos pone en antecedentes de su contenido. Y transcribo porque son esas introducciones "que dicen sin decir" y, así, no hacemos "spoiler" a nadie que se plantee leer la novela:

Prusia, Año Nuevo de 1865. El barón Valentin von Falkenhayn ha organizado una grandiosa celebración en su palacio urbano. Allí tiene lugar una sesión de espiritismo a la que asisten trece individuos, y que se revelará mortal. El terror se apodera de la región desde esa misma noche, cuando el farmacéutico de la localidad, participante en el encuentro, aparece aplastado por lo que se describe como el atroz sonido de unos cascos de caballo. La prensa de Berlín se hace eco de la noticia: trece fueron los invitados a la reunión y trece es el número perfecto para que todos comiencen a hablar de una maldición en la zona. En contra de la opinión pública, el joven estudiante de leyes Albrecht Krosick pasa a la acción y funda «el Gabinete de los Ocultistas», que también constará, adrede, de trece miembros. Pero las muertes no cesan, y su gran amigo Julius Bentheim, dibujante para la policía y detective aficionado —a quien ya conocimos en La musa oscura—, tendrá que enfrentarse al caso y a sus propios fantasmas.

Ahora toca mi análisis personal para estudiar la "goticidad" de la novela. De entrada, diremos que el ambiente es totalmente gótico: el castillo del barón, la sesión de espiritismo, las calles de la ciudad, el monasterio de las monjas en el que ingresa la hija del Pastor, etc. Además, sabiamente ubicado en invierno, con las inclemencias del tiempo, la niebla, etc. nos proporciona ese entorno misterioso. Me ha gustado especialmente el análisis psicológico de los personajes y, en especial, de Julius Bentheim, que tiene sus movidas, y que no voy a desvelar aquí.

Hay una curiosa trama familiar que enreda pero, a la vez, vertebra, la obra, aunque, confieso, me ha dejado un poco pasmado: no me entra en la cabeza que un Pastor protestante, para proteger a su hija, la meta en un convento de monjas católicas. Creo que aquí hay una contradicción in términis. Ni las monjas católicas admitirían a una mujer protestante, con sus movidas y todo, ni el pastor, si es tal, llevaría a su hija a un lugar católico. Pero vamos, tampoco nos complica esto mucho la vida. Si Ann Radcliffe se permitió sus licencias anacrónicas en Los Misterios de Udolfo y le dio a la imaginación de narrar la campiña francesa e italiana sin haber pisado por allí, pues no vemos problema alguno en que Armin Óhri mezcle católicos y protestantes en un alarde ecuménico. ¡Olé!

Hay una pequeña crítica que hago al autor: pretende plantear que el centro del problema de la novela radica en una sesión de espiritismo, motivo que debería ser, por tanto, trascendente, pero no describe la sesión. Pienso que debería haberse mojado más, pues nos deja con ganas de "salseo" y, sin embargo, pasa por encima de ella sin dar demasiados detalles, muy levemente. 

También, aprovecho a decir, que quien ahora les escribe, que lleva ocho años asistiendo a un centro espiritista de Madrid, considera que hoy, el espiritismo, para cualquier persona que se informe un poco, nada de misterioso, ni mucho menos de terrorífico tiene. Esto nos da pie a la pregunta del millón: ¿provoca la lectura de esta novela ese "uncanny" que decía al principio, ese escalofrío que, quizá de un modo subjetivo nos llevaría a decir sin ambajes que la novela es gótica?

Debo decir que yo mismo me pongo en un compromiso. Y es que, a medida que se avanza en la obra, se observa que, en realidad, falta ese elemento sobrenatural. A pesar de la sesión de espiritismo, nada hay transpersonal, o paranormal, que nos pueda producir ese sentimiento... Pero, sin embargo, la descripción del ambiente lo produce. Sé que me contradigo, pero me voy a explicar mejor: sucede lo mismo cuando uno lee "El perro de los Baskerville" de sir Arthur Conan Doyle. Obviamente, la serie de novelas de Sherlock Holmes, no se pueden catalogar de "góticas" pero, en la obra citada, la descripción de los páramos, de la niebla, de algo que no se sabe qué es provoca "uncanny", aunque luego al final se descubra.

En este sentido, y con algunas dudas, me voy a lanzar a la piscina y decantarme por considerar la novela de Armin Óhner "El Gabinete de los Ocultistas", como una novela gótica.

Ya para terminar, unas palabras de elogio para el escritor quien, con ese sabio recurso a lo misterioso, y con la creación de dos personajes que valientemente se internan en la investigación de lo desconocido, se pone a la altura de Algernon Henry Blackwood con guiños a la literatura de M.R. James, W.W. Jacobs, Arthur Conan Doyle, Henry James, E.F.Benson, William F. Harvey, Hugh Walpole  y tantos otros.

Sólo me falta mi enhorabuena a la editorial Impedimenta, por la cobertura de lujo, la utilización de un papel y una grafía exquisitos y una traducción impecable.

Disfruten.



jueves, 31 de marzo de 2022

La bella vampirizada, de Alejandro Dumas

 


Seguimos descubriendo relatos góticos poco conocidos o, cuanto menos, no incluidos en las "listas oficiales" de novela gótica que tantas editoriales se encargan de publicar. Y es que, como todo en la vida, "ni son todas las que están, ni están todas las que son".

Este relato forma parte de una recopilación publicado en 2008 por una Editorial pequeña, no demasiado conocida, EDL (o Equipo Difusor del Libro SL), bajo el título "los vampiros no mueren" y que incluye cuatro relatos, algunos de los cuales ya han sido comentados en este blog: Carmilla, de Sheridan Le Fanu, Familia de Vampiros, de Alexei Tolstoi, El vampiro, de Polidori y, la que hoy comentaremos, La Bella Vampirizada, de Alejandro Dumas. Alguien del "club de literatura gótica" al que asistí hace años dijo que "todas las novelas de vampiros son góticas", afirmación con la que no estoy de acuerdo: ninguna de las novelas de Anne Rice es gótica, le pese a quien le pese. Para mí, los libros de Anne Rice son "literatura de aeropuerto", que te permiten estar entretenido, dar incluso una cabezada, retomarlos por otra página y leer en diagonal sabiendo que, al final, da igual. Poco va a aportar a tu vida. ¡Ojo! no es una crítica y, con la misma sinceridad, afirmo que Anne Rice puede tener su importancia en determinadas etapas de la vida del lector y que incluso, la atmósfera que dibuja "neo-vampírica" puede ser atractiva. Pero... "si no provocan uncanny, no son góticos" Y punto.

Sin embargo, los cuatro relatos incluidos en "los vampiros no mueren" considero que son góticos o, cuanto menos, "tienen un grado de goticidad" notable. La sorpresa es esta última novela, de Dumas; ¿quién nos iba a decir que el escritor de Los Tres Mosqueteros o El Conde de Montrecristo escribiría también un relato gótico?


Precisamente por Los Tres Mosqueteros, se ha hablado mucho de Alejandro Dumas (padre; no confundir con A. Dumas-hijo, también escritor). Novelista y dramaturgo francés, conocido como el Conde Negro, debido a su estatus aristocrático y a su piel oscura, por ser nieto de un noble francés y una esclava haitiana de origen subsahariano. Nuestro Dumas, en Francia, se formaría en una academia militar pero, fundamentalmente, de dedicó a la literatura.

Con el título original de "la dama pálida" (Histoire de la Dame Pâle), y escrito en 1849, narra la historia de una noble polaca que, debido a la guerra entre Rusia y Polonia ¿os suena? Para su protección, su padre la envía a un monasterio situado en los montes Cárpatos pero, de camino, su comitiva es asaltada por unos bandoleros comandada por dos hermanos de la noble familia de los Brancovan -así se las gastan en Rumanía- pero, tras perdonarle la vida, la llevan como huésped del castillo familiar, donde mora la madre de ambos, una digna señora. Insisto, así se las gastan en Rumanía.


A partir de aquí se suceden una serie de misterios que no deseo desvelar para que disfrutéis de la novela, magistralmente contados por Alejandro Dumas. Debo decir que, inicialmente, tuve dudas en cuanto a la goticidad de la novela, pues, caramba, también en los Tres Mosqueteros hay momentos de peligro, de misterios o de intriga y nadie, que no haya tomado absenta, se atrevería a calificar de "góticos" a los Tres Mosqueteros pero... me equivoqué. La última parte, donde se manifiesta la actividad del vampiro, es narrada de tal manera que, el "uncanny" está presente. Ya sabéis, ese adjetivo que no tiene paralelo en castellano, pero que indica una escena misteriosa, espeluznante, intranquilizadora, cuya lectura provoca en el lector ese cierto regomello, escalofríos por la espalda y sensaciones físicas de inquietud, sin llegar a ser terror.

Por supuesto, no faltan los demás ingredientes de "goticidad" hasta el punto de que uno llega a pensar de que esta novela es un "ejemplo de libro". Dumas se las ha arreglado para que no falte:

- un castillo, con un ambiente medieval perfectamente descrito: bóvedas, torreones, mobiliario parco, foso, corrientes de aire, pasadizos, puertas cerradas...

- El castillo, además, está próximo a un monasterio, que también tiene su función, lo que lo hace más "gótico" todavía.

- Existe un ser misterioso, sobrenatural que, esto sí puedo desvelarlo, es un vampiro. No un vampiro cualquiera, sino un vampiro de los Cárpatos, que tiene más nivel.

- Se da una trama familiar ancestral, que explicará al final el porqué de la existencia del vampiro en cuestión.

- Nos encontramos con una "sexualidad larvada". No es la sexualidad que le gustaría a Anne Rice de "aquí te pillo, aquí te la meto". Para nada. Fiel a la corriente del Romanticismo del siglo XIX, Dumas nos plantea esa tensión de los sentimientos, en que nos relata la ropa, peinado y palidez de la princesa, pero también la armadura, medias ajustadas, melena al viento y virilidad del galán. Pero todo muy polite, muy larvado.

- Y, por supuesto, la atmósfera narrada. Hay un momento álgido sabiamente descrito por Dumas. Se acuerda una fuga al día siguiente, perfectamente planeada. Tanto que, empieza a narrarla, y pone al lector de los nervios porque piensa "va a pasar cualquier cosa que va a estropear los planes". Me ha parecido de una gran destreza literaria.


Mi consejo: buscad este relato, pues vale la pena leerlo. Y buscad una buena traducción, no cualquier pdf gratis de Internet. Constato que esta novela no está incluida en las recopilaciones de las grandes editoriales como la colección "Gótica" de Valdemar. Y es una pena porque, con mucho, es de las novelas más góticas con que me he encontrado.

Feliz lectura.



En Madrid, a 31 de marzo del 7º año de la coronación de Su Majestad, Felipe VI)

jueves, 24 de marzo de 2022

Familia de vampiros, de Alexei Tolstoi


Siempre es agradable descubrir novelas de temática vampírica entre la producción de escritores que, a priori, no piensas que hubieran escrito novelas de temática vampírica. Y eso me ha sucedido con “familia de vampiros”, manuscrito también conocido por el título de “La familia de Vurdalak” o, según qué ediciones, por “Vampiro. La familia de Vurdalak”. Hay otra nota que quiero resaltar: nos encontramos ante una novela gótica (de esto hablaremos luego), escrita por un escritor no-inglés y no-americano. Y esto, ya de por sí, hace que esta obra sea muy especial.

Lo primero sobre lo que llamamos la atención es que el autor, Alexei Tolstoi, no es León Tolstoi,  el de Anna Karenina, Guerra y Paz, Resurrección o Los Cosacos, por citar sólo unas pocas… Así que, a ver, que nadie se emocione demasiado. 

Alexei es “otro Tolstoi”, emparentado con el anterior, pero distinto. No por ello desmerece su obra sino, al contrario. Amigo próximo del zar Alejandro II, la Wikipedia nos informa que, con el título de conde, había nacido en San Petersburgo en 1817 y fallecido en Krasny Rog, en 1875. Fue un poeta, novelista y dramaturgo ruso, considerado como el dramaturgo histórico ruso más importante del siglo XIX, principalmente por su trilogía dramática La muerte de Iván el Terrible (1866), Zar Fiódor Ivánovich (1868) y Zar Boris (1870). También ganó fama por sus obras satíricas, publicadas con su propio nombre (Historia del estado ruso desde Gostomysl a Timashev, El sueño del concejal Popov) y con el nombre de colaborador de Kozma Prutkov. Sus obras de ficción incluyen la novela que nos ocupa hoy, es decir, la familia del Vurdalak - El vampiro (1841) y la novela histórica Príncipe Serebrenni (1862).


Alekséi era miembro de la familia Tolstói, primo segundo de Leon Tolstói, el de Anna Karenina, para entendernos. Debido a la cercanía de su madre con la corte del zar, Alekséi fue admitido en el futuro séquito de la infancia de Alejandro II y se convirtió en "un compañero de juegos" para el joven príncipe heredero. Cuando era joven, Tolstói viajó mucho, incluyendo viajes a Italia y Alemania, donde conoció a Goethe. Tolstói comenzó su educación en casa bajo la tutela de su tío, el escritor Antony Pogorelsky, bajo cuya influencia se interesó por primera vez en la escritura de poesía y de otros profesores. En 1834, Tolstói se inscribió en el Archivo Estatal del Ministerio de Relaciones Exteriores de Moscú como estudiante y en diciembre de 1835 completó los exámenes (en inglés, francés, alemán, literatura, latín, historia mundial y rusa, y estadísticas rusas) en la Universidad de Moscú. Vamos, que no era un Don Nadie, sino una persona culta y cultivada.



A lo largo de la década de 1840, Tolstói llevó una vida ocupada de la alta sociedad, llena de viajes de placer, fiestas de salón y bailes, salidas de caza y romances fugaces. Como todos hacemos, vamos. También pasó muchos años en el servicio estatal como burócrata y diplomático. En 1856, el día de su coronación, Alejandro II nombró a Tolstói uno de sus ayudantes de ayudantes personales. Tolstói sirvió como comandante de infantería en la Guerra de Crimea. Finalmente, dejó el servicio estatal a principios de la década de 1860 para continuar su carrera literaria. Murió en 1875 de una dosis letal de morfina auto-administrada en su propiedad de Krasny Rog. ¿No es un final romántico?

Pero volvamos a nuestra novela. ¿Podemos decir de ella que es “gótica” o meramente una “novela de terror” de tantas al uso? Recordemos que no son géneros similares, digan lo que digan las editoriales comerciales. 


Lo primero que nos encontramos es la habilidad literaria con que el autor mezcla hechos históricos con creación literaria. Comienza situando al lector en el Congreso de Viena de 1815 que, celebrado tras la derrota de Napoleón, pretendió retornar a Europa a la situación previa del Antiguo Régimen. Basta ya de aventuras revolucionarias ¡hombre! ¡con lo bien que estábamos con los tres estamentos, nobleza, clero y tercer estado de campesinos y burguesía…!


Ni que decir tiene la clase social de los participantes y, de una forma muy sutil, Tolstoi nos informa de los fastos, fiestas y reuniones que siguieron al Congreso. Y fue en una de estas reuniones sociales, donde el marqués d’Urfé (dicho también De Jurfé, en otras traducciones) narra la historia central de la novela.


Dicho esto, podemos encontrarnos con un número suficiente de detalles que nos hacen afirmar la goticidad de la novela. Quizá echamos de menos el omnipresente castillo medieval que, en esta obra, falta. De hecho, el grueso de la historia trascurre en la cabaña de la familia Vurdalak. Bueno, para los más puristas que quieran castillo, decir que hay castillo, el de la condesa viuda del príncipe de Schwarzenberg, en cuyas estancias se reúnen los nobles del Congreso de Viena tras finalizar éste, para descansar, pobres, y hablar de esto y de lo otro.

El ambiente, pues sí, es gótico. Contado por el marqués d’Urfé en primera persona, pone al autor en situación de viajar a Moldavia, el estado de ánimo que se encuentra en los pueblos que atraviesa, el aire frío o los sonidos de los bosques. El lector empieza a sentir un regomello que le atraviesa la espalda, ciertamente muy agradable.


Me encanta que el protagonista haga un paréntesis para explicar a las damas de la tertulia, en el castillo de la condesa viuda de Schwarzenberg lo que es un vampiro, para el horror de ellas, por Dios… y las peculiaridades de los vampiros eslavos, que son más fieros que los de otros países porque, fíjate, chupan con preferencia la sangre de sus parientes más cercanos y de sus mejores amigos, y estos, a su vez, al morir, se convierten en vampiros. De modo que, según dicen, existen  en Bosnia y Herzagovina, aldeas enteras, cuyos habitantes son todos vampiros. Añado yo, ¿cuándo vamos? Pregunto…

Ese regomello del que hablaba, se convierte en “uncanny” a medida que avanza la novela. No quiero estropearos la trama adelantando cosas, pero el “uncanny” se siente, o no se siente. Yo me tuve que echar la rebeca por los hombros y, para mí, es señal de que la novela es gótica. 

Por terminar, aconsejo muy vivamente la lectura de esta obra. Por todo lo anterior, quizá por no ser británica y encontrar “otra forma de contar las cosas”. Con todo, piénsese que la aristocracia rusa bebía de las manos de los nobles ingleses a quienes imitaban, por lo que no se encontrarán grandes diferencias, pero algo verá el lector. Ahí lo dejo.


miércoles, 23 de marzo de 2022

Carmilla, de Sheridan Le Fanu

 


He vuelto a leer Carmilla, la famosa novela de una vampira -que no vampiresa- escrita por Sheridan Le Fanu en 1872.

Me parece un error que tantas editoriales, artículos y webs la califiquen como una novela de género lésbico. Lo siento pero, pese a quien pese, el lenguaje de género no estaba inventado en el siglo XIX, ni falta que hacía. En 1872 una mujer podía decir a otra "I love you" o, incluso, besarla en público, sin que ello supusiera una insinuación sexual, del mismo modo que ver a dos hombres turcos paseando de la mano, no sugiere una relación homosexual entre ellos. No pretendamos reformular la historia con los conceptos -o desconceptos- surgidos a partir de la revolución sexual de la década de los 60s del siglo XX porque, entre otras cosas, nos cargaríamos la riqueza de la cultura del Romanticismo en general, y del goticismo en particular.

No, Carmilla no es una novela lésbica. Lo mismo que Drácula no es una exaltación al poder fálico que se clava en sus víctimas. Pero... ¡qué le vamos a hacer! La gente quiere vender libros sea al precio que sea, aún sugiriendo las más peregrinas psico-interpretaciones.

Pero vayamos por partes. Analicemos, en primer lugar, si esta novela puede o no calificarse de gótica. En mi opinión, no cabría la menor duda basándonos en los criterios de "goticidad" propuestos por los literatos especializados al uso (citamos, por ejemplo, a David Stevens, "The Gothic Tradition" o a César Fuentes Rodríguez, "Mundo Gótico") y que en este blog, seguimos:

  • La trama sucede en un castillo, descrito como un entorno gótico, medieval, ancestral... De hecho, no sólo en uno, sino en varios: Laura, la protagonista, vive con su padre en un aislado castillo situado en Austria, en la región de Estiria. Pero también surge, en el momento álgido de la historia, las ruinas de otro castillo, en cuyo cementerio está enterrada la condesa de Karnstein.
  • Se suceden una serie de tramas familiares. Hay una relación doble de Laura con su padre -viudo-, pero también del General -gran amigo de la familia y viudo también- con su hija. Ambos padres, entregados a la felicidad de sus hijas. Contrasta, sin embargo, con la relación, en el caso de Carmilla, de madre-hija, madre que, a pesar de afirmar que su hija está delicada, no duda en abandonarla en el Castillo del padre de Laura, cuando su carruaje se accidenta pero la madre, con prisa de no se sabe por qué, la abandona. Algo paralelo también a lo sucedido al General. Llama la atención el dato del oscuro carruaje, en donde pasea por la noche para seducir a sus víctimas su tutora (madre o tía) muy parecida a Dorottya Szentes y a Darvulia, o que Mircalla fuera la última de su dinastía maldita.
  • Está presente un trasfondo marcado por una profecía o signos ancestrales... el castillo de Karnstein, en ruinas, está situado en un pueblo abandonado misteriosamente, ¿por qué se fue la población? Y, curiosamente, el desenlace de la novela tiene lugar en el cementerio, tras una búsqueda del sitio donde la condesa Karnstein debería estar enterrada...
  • Se suceden una serie de hechos de difícil explicación: cuando Carmilla, aún durmiendo con la puerta cerrada, ve a su amiga en el dormitorio, ¿cómo es ello posible? Lo mismo, en paralelo, habría sucedido en la historia que cuenta el General relacionada a la fiesta a la que acude con su hija...
  • Fiel al ambiente del Romanticismo del siglo XXI, nos encontramos con emociones llevadas al límite; las damas tienen esas maravillosas "enfermedades góticas" que, indispuestas, las obligan a permanecer en cama. Incluso, se ve con total normalidad que Carmilla permanezca en cama, o recluida en sus aposentos, hasta media tarde y que cuando baje, ya a cenar, el sol se haya puesto. Es lo normal, a ver, ¿para qué iba a madrugar si no tenía que estar a las 8 de la mañana en una oficina trabajando? Pues eso.
  • Pero, sobre todo, existe esa sensación de "uncanny" a lo largo de la novela; el lector, a poco sensible que sea, se estremece cuando describe las estancias del castillo, los paseos por el puente levadizo, que ya no se leva, o ¡ay! esas pequeñas incisiones en el cuello que no deberían estar ahí, porque dejamos la puerta cerrada.

No sólo es que esta novela nos parezca gótica sino que nos atrevemos a decir que es de un gótico tan puro como el de "El Castillo de Otranto".


Hablemos un poco del autor. Joseph Thomas Sheridan Le Fanu (1814 - 1873) fue un escritor irlandés de cuentos y novelas de misterio. Sus historias de fantasmas representan uno de los primeros ejemplos del género de terror en su forma moderna, en la cual, como en su relato Schalken el pintor, no siempre triunfa la virtud ni se ofrece una explicación sencilla de los fenómenos sobrenaturales. Nos gusta por eso.

Estudió Derecho en el Trinity College de Dublín, donde fue nombrado auditor de la Sociedad Histórica. Pero a Le Fanu no le agradaban las leyes (normal, por otro lado) y se pasó al periodismo. A partir de ese momento y hasta su muerte publicó multitud de relatos. Desde 1861 hasta 1869, editó el Dublin University Magazine, que publicó muchos de sus trabajos por entregas (conocidos actualmente en los ambientes góticos como "penny dreadful", debido a que eran fascículos de "a penique", y que daría nombre a la famosa serie de TV). 

Las intrigas de Le Fanu, de gran intensidad, están perfectamente construidas. Su especialidad consistía en la recreación de «atmósferas» y «efectos» más que en el mero susto ¿comprendéis ahora el "uncunny" que antes mencionaba?, con frecuencia dentro de un formato de misterio. La lectura de novelas como Carmilla sobre una mujer vampiro, de trama muy efectiva, influyó poderosamente en Bram Stoker para su Drácula.

Uno de sus primeros trabajos, Un episodio en la historia de la familia Tyrone (1839), pudo a su vez haber sido inspirado por Cumbres borrascosas, de Emily Brontë. A veces se ha afirmado que Le Fanu es el padre del cuento de fantasmas irlandés en época victoriana. A juzgar por la trascendencia de su obra, es sorprendente que su aportación no haya sido mejor considerada.

Sus historias más conocidas, leídas aún hoy con asiduidad, son la novela macabra de misterio titulada Tío Silas (1864), La rosa y la llave (1871), y la muy celebrada colección En un vidrio misterioso (1872), que contiene Carmilla, así como Té verde y El conocido, dos famosos relatos de enigmáticos sucesos aparentemente convocados por una oscura culpa.


Otras ficciones de Le Fanu son Los papeles de Purcell, dividido en tres volúmenes; La casa junto al cementerio (1863); La mano de Wylder (1864); Guy Deverell (1865); Vidas encantadas (1868); El misterio de Wyvern (1869), y la publicación póstuma El vigilante y otras historias macabras (1894), otra colección de cuentos.

lunes, 30 de marzo de 2020

et in Arcadia ego


Os paso un enlace que os llevará al artículo que me han publicado en la web oficial de los Divulgadores del Misterio. Aunque en este blog ya había reflexionado, en alguna ocasión, sobre el tema pictórico y simbólico contenido en el adagio et in Arcadia ego, lo he vuelto a refrescar a la luz de la situación actual que estamos pasando debido al Coronavirus (COVID-19) y la obligada situación de permanencia en casa que, sin duda, nos da la oportunidad de leer más, reflexionar y crecer interiormente. Espero que lo disfruteis.

Este es el enlace: pinchar aquí.