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Se considera que el origen la literatura gótica se sitúa en Gran Bretaña, en particular durante el Romanticismo. Sin embargo, la primera aparición del término -gótico-, tiene lugar cuando el escritor Horace Walpole lo ubica como subtítulo en su obra El castillo de Otranto: Una historia gótica.

martes, 4 de abril de 2023

La cara amarilla. Por Arthur Conan Doyle.


𝕸e resisto mucho a calificar como "gótica" ninguna de las novelas o relatos protagonizados por Sherlock Holmes, el personaje creado, como sabéis, por Sir Arthur Conan Doyle, porque siempre, en el desenlace de la historia detectivesca, hay una explicación racional que elimina cualquier atisbo de misterio, paradoja o cuestión sobrenatural.

En el "curso de literatura gótica", organizado e impartido por Mirari Bueno en la "Casa del Barrio de Carabanchel", tuvimos ya hace años este debate con otra de las obras cumbres del genial detective: "el sabueso de los Baskerville". La discusión entre los alumnos se centró, precisamente, en esta cuestión: ¿podemos clasificar como "gótica" una novela donde falta el elemento sobrenatural (sea este un vampiro, un fantasma, un espíritu, un zombie, un demonio o el santo ángel de la guarda? Y es que, en principio, el cuerpo nos pide decir que "no" pero recuerdo que nuestra maestra, Mirari Bueno, argumentó que si así fuera, y siendo sinceros, nada entonces podría calificarse de "gótico" sino como mucho de ciencia ficción. También argumentó que, por ese motivo, los expertos de la literatura gótica (por cierto, experto no es lo mismo que "académico universitario") hablan de una variedad de características a cumplir por una novela gótica, y que no tienen que darse todas a la vez, sino la mayoría. Y que, en todo caso, de existir una que no puede faltar es el "uncanny", esa palabreja inglesa que no tiene equivalencia en castellano, y que viene a significar una atmósfera inquietante y escalofriante que provoca en el lector de la novela (o vidente de la película) una cierta sensación de desasosiego. En esta línea, concluyó que "el sabueso de los Baskerville" sería una narración gótica, aunque sólo fuera por la sensación que provoca el paseo por el páramo, el misterio o la creencia inicial de los protagonistas de que había algo sobrenatural, aunque al final se demuestre lo contrario.

Pues bien, en esa línea y con ese mismo argumento, deseo analizar otra de las narraciones de Conan Doyle, contenidas en el volumen 4 de "el Canon de Sherlock Holmes"; en concreto, la de "la cara amarilla" (título traducido en otras editoriales -la que yo estoy manejando es la de "Valdemar, el canon"- como "el rostro amarillo".

La historia comienza como es habitual en los relatos cortos: Watson, quien está recopilando documentación para publicar los casos de los que se ha ocupado su amigo, encuentra unas anotaciones sobre ésta historia en cuestión y Sherlock, pipa en mano, sentados ambos frente a la chimenea, y con un whiskey en la mano, le cuenta los detalles.

En este caso, resulta que acudieron en el pasado a cierta casa en el campo, llamados por un marido celoso e inquieto porque su mujer "ya no es la misma". La hasta ahora amorosa esposa se ha vuelto nerviosa, preocupada, ida e, incluso, se levanta a media noche, creyéndolo dormido, y sale de la casa para ir... ¡Dios sabe dónde! Un día, la sigue por la noche, y ve que se dirige, atravesando la campiña, a un cottage, en cuya segunda planta aparece por la ventana una cara amarilla que le mira. Y, hasta aquí, puedo contar, animando al lector a que busque y lea la narración.

Globalmente, creo que el argumento sobre la "goticidad" de la novela es el mismo antes expuesto. Inicialmente parece que hay un elemento sobrenatural (ya veremos lo que pasa al final), la historia se desenvuelve no en un castillo o abadía, pero sí en un cottage, uno de esas casitas de campo tan maravillosas que abundan en el Reino Unido de dos plantas más desván (apunte: ¿por qué en España los chalets son tan feos y "prácticos" -en el mal sentido de la palabra-?

Pero no sólo eso; hay además otras notas definitorias: complicaciones en las líneas familiares; la historia se desenvuelve en un entorno escalofriante, ni más ni menos que los páramos ingleses con niebla y sonidos nocturnos; en fin, una delicia. Pero, sobre todo, y a poco sensibles que seáis, comprobaréis ese regomello que te recorre por la espalda y que te lleva a echarte la rebequita por los hombros. Uncanny lo llamamos.

Dejando clara la goticidad del relato, (sentada siempre en mi opinión personal), aprovecho para comentar el tremendo esfuerzo que me está costando la lectura completa del Canon de Sherlock Holmes. Me quejaba yo de Lovecraft pero Conan Doyle, pues en fin, qué queréis que os diga, tampoco se queda a la zaga.

Feliz lectura.

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